Dos botones, una cruceta, dos gatillos. Idear un juego para una máquina tan modesta como GBA no debe ser tarea sencilla. Es ahí, cuando las carencias técnicas aprietan, donde se crean verdaderas genialidades. Kuru Kuru Kururin es una de ellas.
El puzzle de los puzzles
Y es que el campo de los puzzles, pese a tener grandes exponentes en la vetusta portátil de Nintendo, no destacó por su originalidad. Esto es algo lógico, teniendo en cuenta que, durante el apogeo de GBA este género era algo minoritario, y lo siguió siendo hasta que DS lo revitalizó dándole un nuevo giro de tuerca gracias a su tecnología táctil.
Por ello, no fue hasta 2001 cuando los chicos de 8ing lanzaron al mercado un juego de nombre y mecánica indescriptible. La historia de Kuru Kuru Kururin es tan simple como su sistema de juego: Los diez hermanos de Kururin, nuestro héroe, han desaparecido, y su madre le implora que vaya a rescatarlos. Para ello, el pequeño polluelo azulado cuenta con todo un alarde de la tecnología punta: El Helirin, fabricado por el profesor Hare, quien le enseña a manejarlo. Este aparatejo no es más que una suerte de nave voladora de forma cilíndrica que mientras planea no deja de dar vueltas sobre su eje. Sí, habeís leido bien... ¡Arriba los argumentos absurdos!

Como es evidente, el argumento de Kuru Kuru Kururin gira en torno a su jugabilidad, y no al contrario, como estamos acostumbrados últimamente. Al fin y al cabo, el 95% de los jugadores pasan totalmente del argumento de un puzzle, prefiriendo la diversión directa... ¿O estoy mintiendo?
Una vez superadas las bonitas escenas de intro, es hora de comenzar la misión. Las primieras pantallas del juego son parte del entrenamiento del Dr. Hare, por lo que deberemos superar el pequeño tutorial del manejo del Helirin. Aquí, exactamente aquí, es donde el jugador queda por siempre enganchado a Kuru Kuru Kururin.
El palito de tus pesadillas
Nuestro héroe tendrá que conducir el Helirin a través de angostos y enrevesados recorridos para llegar a la meta, con la dificulta de que no puede tocar las paredes y de que, como antes mencione, el Helirin no para de girar. Y aquí es donde entra el uso de nuestra materia gris.

A lo largo de los muchos niveles del juego encontraremos algunos puntos en los que recuperar vida, diversos item que alterarán el estado del Helirin, así como muelles que nos permitirán invertir la dirección del giro. El control del aparato es bien sencillo: lo movemos con la cruceta y aceleramos el giro con el botón A. Y poco más. Manejar la absurda nave de Kururin a lo largo de todo el juego hará sudar al jugador con dedos más ágiles, y, gracias a una curva de dificultad que no se anda con lindezas, tendremos que repetir una y otra vez la fase para descubrir en qué momento exacto debemos acelerar o quedarnos quietos para no volver a morir.

Como puede apreciarse en las imágenes, Kuru Kuru Kururin no es ninguna proeza gráfica, aunque tampoco lo necesita. Escenarios 2D coloristas y llenos de encanto, por los cuales cada recorrido es totalmente distinto al anterior en cuanto a temática.
No obstante, sobra decir que si algo hizo grande a Kuru Kuru Kururin es una jugabilidad a prueba de bombas. Se trata de un cartucho que puede jugarse durante horas o poco más de cinco minutos, si somos capaces, eso sí, de despegarnos de la consola. El jugador sufrirá constantes frustraciones al caer derrotado en cualquier recorrido, haciendo que el orgullo le empuje a volver a comenzar gritando a viva voz "¡por mis narices que me lo paso!"

La duración del cartucho es casi inifinita. Al contrario que ocurre con otros puzzles, Kuru Kuru Kururin no tiene una mecánica pesada, por lo que es muy usual volver a él cada cierto tiempo (es lo que me ocurre a mi, al menos...). Además, el cartucho cuenta con varios modos de juego que alargan considerablemente su vida. Aparte de sus tres modos de dificultad, en los que las dimensiones del Helerin variarán según la experiencia del jugador, 8ing ingenió el modo Challenge, donde encontraremos algunos de los niveles más infernales a los que tendrá que enfrentarse el pobre Kururin. Para rematar la faena, el cartucho incorpora un sistema multijugador gracias al cual pueden jugar cuatro personas con un sólo cartucho.

Como bien se puede observar, todo son bondades en este divertido y singular puzzle. No obstante, hay que aclarar que no gustará a todo el mundo. Su en ocasiones desesperante dificultad, su rádical mecánica de juego y su aire nipón pueden echar para atrás a quienes no se sientan demasiado atraídos por los juegos menos convencionales del catálogo de GBA.
De todas maneras, Kuru Kuru Kururin es un juego que, como mínimo, merece una oportunidad, al igual que todos aquellos que llegan timidamente a las tiendas, pero que acaban mirando cara a cara a los géneros clásicos de la plataforma de Nintendo.