Kiwis contra morsas
New Zealand Story Revolution recuperó para Nintendo DS uno de los plataformas más carismáticos que vieron nuestras consolas ochenteras. Diecinueve años separan a las dos versiones; repasamos sus similitudes y diferencias.
Imaginad que sois un kiwi. No una fruta, que sería mucho más aburrido, sino uno de esos adorables pollos amarillos de largo pico que habitan el continente australiano. Vivís con vuestra familia y amigos, dedicados tranquilamente a vuestras tareas cotidianas y a disfrutar de vuestro ocio… como quiera que disfruten los kiwis. Hasta que cierto día aparece una morsa gigantesca repleta de odio para quebrantar tan idílico escenario, raptando a todos tus compañeros con la intención de hacerse un buen estofado.
¿Imperdonable, verdad? Pues eso mismo pensó Tiki, el protagonista de nuestro Round 2 de hoy, que, armado con arco y flechas y sus inseparables zapatillas de deporte, decidió tomar cartas en el asunto y convertirse en el héroe del día.
Seguro que a algunos se os ha despertado la nostalgia al recordar este título. New Zealand Story es un juego veterano en el mundillo, que ha formado parte de la infancia o adolescencia de muchos de nosotros. Un plataformas de 1988 que vino de la mano de Taito en formato de máquina arcade, con entrañables personajes y escenarios muy coloridos; adictivo e incluso, a pesar de su aspecto infantil, bastante complicado en ocasiones. Su éxito le llevó, un año más tarde, a un gran número de plataformas domésticas: Amiga, Amstrad CPC, Commodore 64, y ya en el ámbito de las consolas a Megadrive, NES, Turbografx y Master System.
Nintendo DS tuvo el honor de recibir, en 2007, una adaptación de este clásico. Casi veinte años después (se dice pronto), ¿qué cambió y qué permaneció para quienes disfrutamos del título original?
Un kiwi para dominarlos a todos
La premisa del juego sigue siendo exactamente igual: nuestro protagonista deberá recorrer escenarios plataformeros al cien por cien por diferentes zonas de Nueva Zelanda, hasta encontrar las jaulas en las cuales la malvada morsa (de nombre Wally Walrus) ha encerrado a sus compañeros. Cada fase se divide en cuatro subfases, y en la última encontramos un jefe final de tamaño considerable, al que debemos vencer con alguna estrategia especial.
Los enemigos tienen tanto encanto como el propio Tiki: cangrejos ermitaño que disparan diferentes tipos de proyectiles (a mayor o menor velocidad), soldados que nos lanzan bumeranes (muy neozelandés), osos en globo… toda una fauna de lo más variopinta y puñetera. Tanto los antagonistas como el desarrollo de los niveles se repiten de forma idéntica en Nintendo DS, sin apenas variación en estos últimos (me he sorprendido a mí misma recordando el trayecto y avanzando por las fases casi de forma inconsciente). Los gráficos muestran un colorido más “pastel” y brillante que en la versión original. Hay añadidos en los escenarios, pero son nimios y más estéticos que otra cosa: carteles, manchas en las paredes, ventanales, macetas… La conocida melodía del juego (sí, ésa que ya lleváis un rato tarareando en vuestra cabeza) permanece igual en esencia, con algunos acordes distintos.
El juego se desarrolla en la pantalla superior prácticamente todo el tiempo, aunque en ocasiones tendremos que utilizar la táctil para realizar acciones (abrir puertas girando una manivela) y, sobre todo, puzles; una vez los resolvamos, aparecerá una especie de portal que nos lleva a otro punto de la fase. Casi siempre consisten en identificar una diferencia entre las dos pantallas. A veces será algo bastante evidente, pero otras veces os aseguro que tendréis que recorrer muy bien todos los detalles hasta encontrar el que aparece en una y no en otra. En otros momentos se nos pedirá que utilicemos el lápiz para impulsar a Tiki hacia plataformas lejanas, por ejemplo. Una forma original de justificar el uso de la doble pantalla, aunque un tanto insuficiente.
Armado hasta el pico
Nuestro aguerrido pollo cuenta en esta ocasión con un arsenal que haría palidecer al protagonista de La espada del inmortal. En el juego original podía obtener ítems para cambiar su arco y flechas por una pistola láser, un bastón de fuego y demás lindezas; ahora se suman otros como una espada con escudo, que suple su necesidad de atacar a corta distancia con el hecho de poseer protección extra, o una pistola de hielo que convierte a los enemigos en bloques.
Además de esto, también se modifican algunas pequeñas características en lo relativo al control. Dejando pulsado el botón de ataque podemos efectuar un disparo especial, y manteniendo presionado el de salto conseguiremos efectuar un breve vuelo, con el que alcanzaremos plataformas a mayor altura (esto último también estaba presente en la versión original, pero de manera más leve).
En el aspecto en el que realmente innova la versión de DS es en la mayor presencia de vehículos. Originalmente, nuestro kiwi podía montar en cuatro tipos diferentes tipos de globos (clasificados en función de su resistencia) y utilizarlos para subir a las partes altas del escenario. Ahora, además, puede utilizar un coche para atropellar a los enemigos al más puro estilo Carmaggedon, y unos patines con los que no sólo gana velocidad, sino que le permiten ascender por las paredes.
El otro importante añadido de Nintendo DS es un modo versus, que no hubiera tenido mucho sentido en la versión original. Podemos competir con otro jugador en varios minijuegos: Encontrar las diferencias, Pesca, Tiki-cesta y Cuerda floja. En realidad no tienen mucha "chicha", y no podemos considerar que se trate de una novedad especialmente relevante, sino que es fruto de esa tendencia tantas veces innecesaria de dotar a todos los juegos de DS de un multijugador.
Si terminamos el modo normal habiendo rescatando a todos los kiwis, podemos desbloquear el modo experto, con alguna que otra sorpresa... Controlaremos a un Tiki rojo y nuestro objetivo será encontrar a Bub y Bob, los protagonistas de Bubble Bobble.
El juego, en conclusión, mantiene todo su encanto intacto, con escasos añadidos. Los más jóvenes o quienes no llegaran a disfrutarlo en su día encontrarán un plataformas ligero y sin complicaciones, puesto que ha mitigado en gran medida la dificultad de su predecesor, haciéndose mucho más asequible. Quizás los que lo exprimieron en su momento no encuentren demasiados alicientes para rejugarlo, pero, en todo caso, nunca viene mal dejarse atrapar durante un rato por un buen clásico. ¿Y quién puede resistirse a un kiwi con zapatillas?
Os dejo con una comparativa entre la versión arcade y la de Nintendo DS.


















