Excitebike vio la luz por primera vez en 1984 para NES, la exitosa consola familiar de Nintendo. Este juego es uno de los primeros en mezclar el concepto de velocidad con el de las acrobacias. En los circuitos no hay curvas, son todos una línea recta dividida en cuatro calles. Esto, que en principio podría parecer demasiado simple, se vuelve realmente profundo cuando nos encontramos por el camino con rampas y obstáculos de distinto tamaño. Aquí es donde cobra protagonismo la física del juego, que aunque no pretende ser totalmente realista, posee una gran coherencia y responde magistralmente al terreno y a las acciones del jugador.
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Las flechas arriba y debajo de la cruceta de direcciones hacen que el motorista suba o baje una calle, mientras que las flechas izquierda y derecha inclinan la moto hacia atrás o hacia delante respectivamente. Mantener la motocicleta en perfecto equilibrio a lo largo de la partida es todo un arte necesario para arañar algunos preciosos segundos en el cómputo final. Elevar la parte delantera de la moto en los saltos hace ganar altura, mientras que inclinarla hacia delante puede ayudar a recorrer unos pocos metros más durante el salto. La decisión de hacer una cosa u otra debe tomarse en décimas de segundo, y es importante tener mucho cuidado porque un mínimo fallo en el aterrizaje puede provocar una caída. Cuando esto ocurre, el pequeño motorista saldrá disparado fuera de la pista, y entonces hay que pulsar el botón A lo más rápido posible para que corra a levantar su vehículo y se reincorpore a la carrera lo más rápido posible (momentos de angustia y emoción sin igual).
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Al contrario de lo que podría esperarse, las motos no cuentan con acelerador y freno, sino con acelerador y turbo, que se corresponden con los botones A y B. El turbo otorga una velocidad mayor, pero si se abusa de él la moto se recalienta y el jugador tiene que pararse unos segundos para que se enfríe. Para evitar que pase esto, la información de pantalla muestra una barra con la temperatura del vehículo y además se escuchará un sonido estridente muy característico cada vez que la máquina se encuentre al límite. En ciertos puntos del recorrido se pueden encontrar unas señales en el suelo que reducen la temperatura de la moto al pasar sobre ellas, así que siempre es una buena idea memorizar en qué calle y a qué altura del circuito están.

Sólo con estos elementos ya estamos hablando de un juego muy atractivo, pero lo mejor de todo es el modo en el que disputamos carreras contra otros motoristas controlados por la IA. Aunque la victoria siempre viene marcada por completar los circuitos en un tiempo determinado, el hecho de que haya otros motorista añade muchos puntos de diversión al juego. Casi siempre habrá otros 3 motoristas en pantalla, a los cuales si se les adelanta volverán a aparecer, ya que la máquina se ocupa de colocarlos delante del jugador de forma aleatoria. La presencia de estos otros corredores es un elemento de caos que complica las partidas terriblemente pero que también las hace mucho más divertidas. Alcanzar a otro motorista por detrás supondrá una caída para el jugador, cruzarse en el camino de un rival le mandará a tomar viento y un choque lateral hará que los dos muerdan el polvo. A lo largo del circuito habrá barreras, baches de tierra y tramos estrechos en los que resultan fáciles los apiñamientos.
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De hecho, una de las cosas más reconfortantes del juego es intentar tirar a los rivales, aunque a efectos prácticos esto no sirva de nada. La guinda del pastel la pone el editor de niveles, muy completo para la época, que permitía la creación de circuitos con todo tipo de rampas y obstáculos. Una pena que la tecnología de aquellos tiempos no permitiese guardar los diseños creados, con lo cuál sólo podían jugarse los circuitos mientras no se apagase la consola o se creara una nueva pista.
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Los grandes juegos son aquellos que encuentran la fórmula del éxito: equilibrio entre control, jugabilidad, originalidad y diversión. Excitebike es uno de los que alcanzaron este estado de perfección, ya que puede disfrutarse ahora igual que hace 20 años.