Muchos de los juegos que nos han emocionado o han despertado en nosotros el animal que llevamos dentro, no hubieran sido lo mismo sin sus bandas sonoras. Actualmente cada vez es más frecuente que se hable de ellas, en parte, debido a la incursión de compositores especializados en el cine. Los títulos que podemos adquirir en cualquier tienda cada vez se parecen más a las películas que proyectan en los multicines y ya es habitual que las grandes estrellas de la gran pantalla, desde a los actores a los directores, hagan incursiones en las consolas de última generación.

Y como por arte de magia, han ido depositando parte de su prestigio en un sector que antes se consideraba poco más que un juguete electrónico y hoy empieza a debatirse entre el arte y la industria como les ocurrió a los estudios más famosos de la época dorada de Hollywood.
La mayoría de estas incursiones se convierten en canas al aire, aventurillas fugaces que suponen una buena experiencia para la industria de las consolas y un reporte económico nada despreciable para los compositores. Aunque hay casos peculiares, como el de Harry Gregson- Williams.
Pocos bits y mucho sintetizador
Pero todo este mestizaje con el celuloide, no ha sido posible hasta hace relativamente poco. La primera banda sonora orquestada para un videojuego apareció en 1997 en Play Station. ‘The lost world: Jurassic Park’ fue el primer título en salir al mercado con este sonido, aunque muchos sostienen que ‘The Heart of Darkness’ lo incorporó antes en su desarrollo, pero los retrasos en su salida al público le hicieron perder esta posición de honor.
Fuese como fuese, antes de esa fecha, las melodías que escuchábamos al encender la consola eran muy diferentes y sus compositores, que tuvieron que enfrentarse a infinitas limitaciones técnicas, pasaban desapercibidos, como hombres de empresa que se debían al estudio que pagara su sueldo.
Incluso hoy, todavía es difícil encontrar al responsable de la música entre los pocos nombres propios que citamos las revistas en los juegos analizados (un poco de autocrítica y mea culpa nunca vienen mal). Sin embargo desde el comienzo de la década de los ochenta los juegos incorporaban sonidos simples y repetitivos entre los que se podían distinguir melodías pegadizas. ¿Quién no recuerda la música del primer Super Mario? Es curioso, porque fue también en 1997 cuando los tres autores anteriores a la música orquestada más importantes empezaron a ser conocidos por los jugadores.

En aquel año, ocurrió otro de los acontecimientos más trascendentales en la historia de los videojuegos: Squaresoft lanzó al mercado Final Fantasy VII, que no solo inauguraba la saga para Playstation, sino que también fue el primero que se desarrollaba en 3D. El éxito de las aventuras de Cloud y Sefirot llevaron a la fama de su banda sonora y de Nobuo Uematsu, el maestro Uematsu, para nosotros, su compositor.
La fantasía musical y el dragón
En realidad este artista japonés llevaba trabajando para el estudio desde que a mediados de los ochenta puso música al primero de los Final Fantasy. Además de la saga, es el de las bandas sonoras de ‘Chrono Trigger’ y recientemente, ‘Blue Dragon’. Aunque ha hecho múltiples bandas sonoras orquestadas hoy día sigue sin considerarlo indispensable para la industria. Irónicamente, la música de ‘Final Fantasy’ se ha convertido en una de las bazas principales de la franquicia, dan forma a los sentimientos de los protagonistas (no en vano, Uematsu exige conocer la historia y los personajes antes de enfrascarse a escribir partituras).

Pero cuando él llegó a la compañía, Squaresoft estaba en la ruina y su única esperanza era competir en la Famicom (NES) con un juego parecido al que recientemente había impactado en el mercado de jugadores: el ‘Dragon Quest’. Las instrucciones que dieron a Nabuo Uematsu eran claras y escuetas. La música debía ser parecida, pero a la vez diferenciable, de la compuesta por Koichi Sugiyama, entre nosotros el maestro Sugiyama, para la que con los años sería la otra gran saga de rol de los viedeojuegos.

Al contrario que su colega de ‘Final Fantasy’, el creador de la música de ‘Dragon Quest’, no tenía entre su lista de influencias a ningún compositor de bandas sonoras. Su inspiración provenía de esferas mucho más antiguas, como J. S. Bach, y Haendel, grandes artistas del siglo XVII.
Maestro de maestros
El tercer gran maestro nada tiene que ver con los dos anteriores, pero en sus influencias, junto al jazz y los ritmos latinos, también se encuentra la música clásica. Koji Kondo, ya sabes, maestro Kondo, lleva en este mundillo desde 1980 y sus creaciones han estado desde el principio tan ligadas al universo Nintendo como los personajes de Miyamoto. Es el autor de todas las bandas sonoras de ‘Mario’, ‘Zelda’, ‘Star Fox’ y gran parte de los ‘Donkey Kong’.

El único que se le resiste es ‘Metroid’, para el que hace poco Kenji Yamamoto adaptó las canciones que en los ochenta compuso otro de los grandes, Hirozuku Tamata. Su abundante número de obras ha propiciado a Kondo fans en todos los sectores de la música, y de él se ha dicho que entre sus grandes virtudes está crear melodías pegadizas, fáciles de recordar, emocionantes y, lo más difícil, incapaces de aburrir por más veces que sean escuchadas. Hace poco, él y Uematsu regalaron al público la oportunidad de disfrutar de una banda sonora creada entre los dos para el juego Smash Bros Brawl (Wii).
Hoy estos artistas siguen trabajando, pero el relevo generacional ya asoma la cabeza por la puerta. Al fin y al cabo, malo es lo que no perdura.
Nuevos tiempos, nuevos hombres.Desde hace algún tiempo una nueva figura resalta en Square – Enix. Takeharu Ishimoto comenzó colaborando con Uematsu en las bandas sonoras de ‘Final Fantasy X’ y con otros artistas en ‘Legend of Maná y Kingdom Hearts’. Pero ha conseguido alzarse con nombre propio gracias ‘Final Fantasy VII Crisis Core’ (PSP), ‘Dissidia Final Fantasy’ y sobre todo la genial música de ‘The world ends with you’ (NDS).

En este último título demostró una renovación de estilos y una carisma propio para componer. Sus canciones, que podían adquirirse en las múltiples tiendas que pueblan los escenarios del juego y ser escuchadas de modo independiente a la historia, son, en gran medida, las responsables del ambiente mágico misterioso y moderno de la aventura.
Un caso peculiar es el de Akira Yamaoka, responsable de ‘Silent Hill’ desde su primera entrega en 1993 y que con el tiempo se ha convertido en el principal productor de la franquicia.

Aunque pueda parecer lo contrario, no sólo de japoneses viven los videojuegos. A este oficio, con la evolución de la tecnología y la expansión de la industria también se han ido sumando algunos anglosajones.

Poco a poco, gracias a sus pioneros, esta modalidad o género musical, va abriendo sus fronteras y su prestigio va creciendo. La prueba es que cada día son más los artistas que colaboran en bandas sonoras, muestra de que su imagen no queda estropeada.
La participación de Les Claypol, famoso bajista californiano en ‘Mushroom Men’ (NDS y Wii), es un buen ejemplo de ellos. Ahora solo falta que sus compositores se conozcan como se reconoce a los del cine y que los jugadores aprendan a disfrutar las melodías por separado, como buenas canciones independientes del videojuego al que acompañan. Así que ya sabéis, a escuchar buena música y ¡a disfrutar!.