El Profesor Layton y el misterio del celuloide
Doble sesión de Layton, doble alegría, pero esta vez se trata de un júbilo incompleto. A pesar de la capacidad del alter ego de Sherlock en Nintendo para resolver enigmas imposibles, parece que en su salto al cine con ‘la diva eterna, se le atragantado uno de los misterios más antiguos: ¿por qué no funcionan los videojuegos en la gran pantalla? Pero un caballero como el profesor no se marcha dejando mal sabor de boca y el 22 de octubre llegará la tercera entrega de la saga para NDS.
Una doble presentación del Profesor Layton suele traducirse en el interior del jugador como la esperanza de una doble alegría. Y así iban predispuestos a los cines UGC-Cincecité de Madrid los asistentes al anticipo de la tercera entrega del detective para Nintendo DS, titulada El futuro perdido, en primer lugar, y a la premier del primer largometraje que protagoniza en compañía de su ayudante Luke, llamado El Profesor Layton y la diva eterna, en segundo. Dos por el precio de uno. Las luces se apagaron y los aullidos de los fans taparon el silencio religioso de las salas de cine pero, al final, la realidad dio un buen bocado a las expectativas de los presentes y dejó la ilusión a medias.
A medias porque el adelanto del juego se ciñó a un collage con recortes de los vídeos que aparecerán durante la partida. Como un buen tráiler, la historia que dará forma a la próxima aventura del profesor fue presentada en pequeñas pinceladas. Una carta del futuro, un ministro británico en paradero desconocido tras juguetear con un prototipo de la máquina del tiempo y una inquietante imagen del joven aprendiz sorprendido al encontrarse consigo mismo unos cuantos años después (parece ser que los creadores de la saga no creen en la teoría de que un acontecimiento de este tipo provocaría la implosión del universo).
Pero lo más importante: la seguridad de que sea cual sea el meollo del misterio, Layton tendrá que ponerse a prueba con 165 nuevos puzzles, sin incluir los más de 20 que se añadirán a través de descargas semanales. Además, esta vez el estudio Level-5 ha realizado un esfuerzo por adaptar sin grandes cambios los rompecabezas a los que se enfrentaron los usuarios japoneses. Una misión complicada dada la diferencia en el idioma y en la cultura nipona y, aunque cueste reconocerlo, en la mayor predisposición de los vecinos del este para enfrentarse a retos con dificultad rayana en lo imposible.
Tal vez por eso, El futuro perdido incluye la posibilidad de solicitar una nueva pista (en total, serán cuatro en lugar de las tres actuales). La han titulado con la letra ‘E’, de ‘especial’ y según Nintendo hará las veces, en realidad, de ‘guía para torpes’, proporcionando al jugador todos los datos para resolver el enigma. Un chicle mascado, en resumen. Dicho de otro modo: una de esas pestañas que tentará una y otra vez a quien se encuentre a los mandos de la portátil. Cuesta imaginar una tortura más dura para los verdaderos jugadores o adivinar de cuánto remordimiento será culpable en el futuro esa nueva opción.
El cuaderno de notas y algunos minijuegos aportarán más novedades, pero lo trascendente es que, en lo fundamental pocas cosas han cambiado. Las voces seguirán oyéndose en castellano a este lado de los Pirineos y la manera de avanzar en la historia o resolver las intrincadas pruebas les resultarán familiares a los aficionados del Profesor Layton. No obstante, para tener el cartucho en sus manos aún tendrán que armarse de paciencia y aguardar hasta el 22 de octubre, cuando el juego se ponga a la venta en las tiendas españolas.
Layton se pasa la cine
A medias también porque la película El profesor Layton y la diva eterna promete más de lo que entrega. Las perspectivas no podían ser mejores cuando se apagaron las luces y sonaron los primeros crujidos de las palomitas. Realizado por ‘Team Layton’ , el mismo equipo que firma las animaciones del videojuego, y concienzudamente ubicado entre la tercera entrega y la cuarta de la saga (aunque paradójicamente la acción se desarrolla antes de que comenzara La villa misteriosa , la primera aparición de este Holmes con sombrero de hongo), el film parecía capaz de construir una historia adictiva sin perder el estilo artístico del anime. Y precisamente ese fue su gran error.
La trama no está mal. Layton y un joven Luke reciben investigan el caso de una cantante de ópera que asegura haberse encontrado con la reencarnación de su amiga fallecida. También los puntos fuertes resultaron ser los deseados: lo que aparece en la saga permanece en el celuloide. La banda sonora tiene la misma capacidad de imbuir al espectador en un ambiente entre el cuento y el misterio; Luke sigue ahí, imitando los gestos de su mentor y sorprendiéndose de su caballerosidad e inteligencia; la animación está cuidad y recuerda las grandes obras de Estudio Ghibli en el estilo de dibujo. En fin, la historia encierra un misterio que ha de resolverse a través de acertijos y el argumento justifica correctamente esta estructura. Para ello se recurre a un villano que decide seleccionar al candidato más apto para recibir la poción de la juventud eterna juzgando su inteligencia y perspicacia al enfrentarse a diversos enigmas.
De todo eso, no hay queja alguna. El problema no es la que ya conocen los jugadores, sino lo demás. Otra vez la misma traba de todas las películas basadas en videojuegos. El cine es un soporte diferente en el que no vale cortar y pegar. Una historia puede funcionar en los mandos de un usuario y a la vez resultar aburrida cuando se la somete a un proyector. ¿Por qué? Quien sabe, pero lo cierto es que ver a la cara sorprendida de Luke las 160 veces que Layton resuelve un caso mientras se juega no resulta tan repetitivo como en las cinco o seis veces que lo hace en la película.
Tampoco los finales pueden prolongarse tanto. He aquí un ejemplo. Un tipo ha gastado 60 euros en un juego, cuando lleva 10 horas machacando botones y cerebro desea antes que cualquier otra cosa que no se acabe la diversión; cuando lleva 20 y por fin alcanza el final cree que se merece una animación larga y una explicación extensa que le recompensen del esfuerzo. Pero en el cine la historia se acaba cuando llega al término de la historia, nada más. Alargar eso sólo genera aburrimiento.
En cualquier caso, la película gustará seguro a quienes sólo pretendan saciar su sed de Layton cuando hayan quemado la última entrega en la portátil de Nintendo. Y para ese fin es una buena herramienta. Eso sí, tendrá que ser en DVD porque en España no visitará las salas de cine.


















