Arkanoid: recordando el rompeladrillos definitivo
La grandeza de lo simple demostrada con un juego arcade ejemplar
Por Mr. Purple
Aún recuerdo la última vez que jugué al Arkanoid. Estaba ahí, sentado en el trono real. Las revistas y folletos de publicidad ya los tenía más que repasados y yo no soy de esos que se vanaglorian de poder leer los componentes del champú en griego. En aquel momento, mientras estaba sacando lo peor de mí, pariendo el ser más asqueroso que podía, agarré mi móvil para hacer más llevadero el momento. Dudé entre el Puzzle Booble y el Arkanoid. Pero ese no era momento para ver a adorables saurios de colores. Jugué un nivel, y otro y otro y otro hasta que mi madre aporreó la puerta porque llevaba casi una hora ahí metido. Estaba enfrascado en derribar cuantos más bloques malignos mientras mi madre imaginaba que yo estaba practicando el onanismo más enfermizo.
Arkanoid, ese juego sencillo. Una suerte de juego de frontón con el objetivo de destruir bloques. ¿Un descendiente del mítico PONG? Puede, sustituye en el primero una de las dos paletas por unos cuantos ladrillos y tendrías Arkanoid. Pero lo cierto es que hubo un precedente y ese fue el menos conocido Breakout. Aquel Breakout aparecido de la mano de, la misma compañía que revolucionó el mundo arcade con PONG, Atari es el verdadero padre de éste Arkanoid. Una pala blanca, una pelota y una serie de bloques blancos que simulaban ser ladrillos. Eso es lo que se encontraron aquellos que se acercaron a este juego por primera vez en 1976. Un adictivo y sencillo juego, sin lugar a dudas. Pero no vamos a negar que el juego en sí no tenía nada de “vidilla” y en seguida se hacía monótono.
Todo sabe mejor en una máquina arcade
Taito revolucionó el concepto de Breakout en 1986. Ya no manejábamos una simple “pala” de color blanco. Ahora estábamos a los mandos de la Nave Espacial Vaus, un vehículo con forma de “pala” que podía adquirir distintas propiedades gracias a una serie de cápsulas (azul: alargándola, rojo : equipándola con un súper cañón láser que evitaba que la bola cayese, rosado: pasando directamente al siguiente nivel, celeste: aumentando el número de bolas y agobiándote, plomo: aumentando vidas, verde: reteniendo la pelota y naranja: ralentizando la pelota). Es más, la jugabilidad ya no sólo experimentaba una mejora exponencial gracias a las increíbles habilidades de nuestra supernave espacial que se dedica a salvar al universo a pelotazos, ahora los ladrillos dejaban de ser todos iguales para pasar a haber ladrillos que necesitaban más de un golpe para desaparecer o algunos que eran indestructibles y nos obligaban a pensar nuevas estrategias para conseguir reventar el último bloque del nivel.
NES, para ser grande tienes que haber pasado por esta consola.
Pero sin duda, lo que todos recordamos de aquel viejo juego que apareció justo un año antes de mi llegada al mundo es la presencia de un terrible jefe final. Nuestra misión con la Nave Espacial Vaus no es solo la de desenladrillar el universo. Amigos, el verdadero motivo y razón de ser de este juego es abrirse paso nivel tras nivel hasta llegar a enfrentarnos al temible DOH. ¿Y quién es DOH? Pues ni más ni menos que una maligna presencia, en forma de cabeza de la isla de Pascua que con su imperturbable expresión nos las hará pasar canutas mientras intentamos acertarle en numerosas ocasiones con la bola supersónica a la vez que esquivamos las mierdas que nos escupe. DOH, la representación del mal en el universo Arkanoid.
Nunca tanta inexpresividad perturbó tanto.
Pero la historia de Arkanoid no acabó con esta primera entrega que se pudo disfrutar en la mayoría de las plataformas de la época (computadores de 8 bits, la NES y algunas computadoras de 16 bits como Commodore Amiga o Atari ST). Oficialmente hay tres secuelas en las que las construcciones a base de ladrillos se enrevesaban, aparecían nuevas habilidades y los “combates” contra el todopoderoso DOH se complicaban. En Arkanoid: Revenge of Doh (varias plataformas, 1987), Arkanoid: Doh it Again (SNES, 1997) y Arkanoid Returns (PsOne, 1997) volvíamos a surcar ese espacio a bordo de la Vaus. La mecánica seguía siendo la misma y era igual de efectiva pero con las versiones de Super Nintendo y PsOne la saga tuvo que esperar cerca de una década para volver a ser rescatada.
Doh se volvió cada vez más peligroso, sobretodo en SNES.
En los últimos años, con el boom de los juegos para móvil, Arkanoid se ha convertido en un título ideal para llevar en tu bolsillo y echar una partida rápida allá donde quieras. Es difícil precisar para qué plataforma apareció primero, pero se puede asegurar que cada modelo de móvil de hace cuatro años para acá soporta perfectamente uno de los múltiples emuladores de este clásico. Si bien el campo de los juegos para móviles ha vuelto a darle vida a este juego tal y como ha hecho con otros como Puzzle Booble, el campo de las portátiles no se quiso quedar atrás y hace cuatro años nuestra vieja Nintendo DS contó con su propio Arkanoid que mantenía exactamente la misma mecánica del original sólo que aprovechando las dos pantallas de DS.
A veces cuesta imaginarse que ocurrirá en lo oscuro.
Hoy día, Arkanoid no sólo es un clásico recordado por todos aquellos que se dejaron sus buenas monedas de cinco duros en los salones recreativos, sigue siendo uno de los juegos más descargados para distintas plataformas (móviles, tablets, Wii Ware,…) y un espejo en el que se han mirado decenas de “copias” que pueblan este mundo. Todos los “rompeladrillos” como Ballbreaker o Blockbreaker y similares le deben todo a este Arkanoid que mejoró un concepto ya visto en Breakout hasta convertirlo en un reto constante.


















