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Más Raro que un Perro Verde

19/07/2011
Por: Scullywen

Barcode Battler

La primera consola que exploró las posibilidades de los códigos de barras

En los años noventa llegó la explosión de las máquinas de juego portátiles. Empezaron a fascinarnos las pequeñas handhelds, o como todos las llamábamos, “maquinitas”, y pronto llegaron las que se podían considerar verdaderamente consolas. A medio camino entre ambas se encuentra la que hoy os presentamos: Barcode Battler.

Puede que hoy no resulte ninguna novedad un dispositivo que lea códigos de barras, acostumbrados como estamos a tanto Eye of Judgement y a los códigos QR que tan bien utilizan los smartphones (y desde hace poco, Nintendo 3DS). Pero sin duda este cacharro tiene el honor de ser el tatarabuelo directo de esta tecnología, al menos en el mundo del videojuego. El primer modelo, conocido como Barcode Battler I, nació en 1991 de la mano de la compañía Epoch. Era de color blanco (a diferencia del que vendría después) y nunca llegó a salir de Japón. Ni falta que le hizo, puesto que el éxito que cosechó allí fue gigantesco.

La consola traía dos lectores de códigos de barras por los que había que deslizar las tarjetas pertenecientes a nuestros personajes y los ítems especiales (arma, equipo protector o salud). Una vez hecho esto, sus características de fuerza, defensa y resistencia aparecían reflejadas numéricamente en la pantalla. Quizás es un poco arriesgado considerar a este juego un RPG, pero desde luego la mecánica de combate que seguía, mediante turnos, era muy similar a la que vemos en tantos y tantos juegos del género.

Podíamos competir contra la máquina a través de diez niveles, enfrentándonos a seis tipos de enemigos distintos en todos ellos, y también contra otro jugador. Los botones situados a derecha e izquierda de la pantalla LCD central nos servían para atacar, utilizar objetos o defendernos. El ganador era el que conseguía dejar a 0 la puntuación de vida de su rival. Dicho así, todo suena muy simple. ¿Cuál fue el aliciente de esta máquina y por qué su éxito entre nuestros amigos nipones?

El motivo estaba en que no sólo podíamos utilizar las tarjetas que venían con la consola o las que se compraban aparte… sino cualquier código de barras de nuestra vida cotidiana. Sólo había que recortarlo, pegarlo en una de las tarjetas en blanco (o, en su defecto, en cualquier cartulina que hiciera el apaño) y pasarlo por el lector. De esta manera podíamos conseguir nuevas tarjetas de todo tipo, fácilmente y de manera casi ilimitada. He aquí el anuncio japonés explicativo, impagable como siempre.

Esta novedosa y original posibilidad convirtió en un éxito de ventas a la consola, lo cual permitió que Epoch se arriesgara a sacar, en 1992, un nuevo modelo: Barcode Battler II. Éste fue el que llegó a España un año después, acompañado de una importante campaña publicitaria.

El barco del señor Battler

Recuerdo haber visto el primer anuncio de este chisme en Hobby Consolas. Una negra consola de 8 bits, nada atractiva estéticamente, con una pantalla LCD bastante pobretona. Pero los ojos me hicieron chiribitas (y a otros muchos niños de la época) al leer en qué consistía el invento. ¿Utilizar para jugar esas cosas con barras que venían en cualquier producto? ¡En CUALQUIER producto! A partir de ese momento ya no podía tomarme el vaso de Nesquik sin pensar en el misterioso personaje que podía esconder la etiqueta del bote, tan anodina hasta entonces.

Durante mucho tiempo di la murga a mis padres para que me compraran el Barco de Battler. Porque, sí, probablemente sería fruto de la época, ésa en la que todavía decíamos “Yedi” y no “Yedai”, pero lo cierto es que en los anuncios de televisión el nombre se escuchaba claramente tal como he escrito. Nada de “Barcoud Battler”, que hubiera sido lo correcto. Por lo visto, si había que darle una explicación al nombre que escuchábamos, aquella consola estaba inspirada en el diseño del barco de un tipo llamado Battler.

Hablando un poco de su funcionamiento, Barcode Battler II traía novedades respecto a su predecesor: además de los guerreros y los ítems, incorporaba cartas de magos, supervivencia y eventos (algo así como poderes especiales válidos para ambos tipos de personaje). Tenía un modo historia dividido en dos partes (la segunda se desbloqueaba obteniendo una serie de llaves en la primera), con 120 enemigos distintos, y un modo de dos jugadores que era el auténtico aliciente. En éste, podíamos personalizar a nuestro personaje, mago o guerrero, añadiéndole nuestras tarjetas de power-up antes de la batalla. El sistema de combate era básicamente igual que en el primer modelo, por turnos y enfrentando las características numéricas de cada personaje. Permitía una mayor personalización y estrategia, sobre todo en el combate contra otro jugador, ya que entre turno y turno también se podían añadir nuevos objetos al personaje y restaurarle energía.

Nada mejor que un vídeo de la época para ver el Barcode Battler II en acción. Disfrutad con el peinado estilo Rick Astley del presentador.

Mientras en España los niños deseábamos tener uno de estos chismes para luchar con el código de barras del Bollycao, en Japón, como siempre, iban a su rollo. Utilizar las etiquetas del pan de molde ya era cosa del pasado. Ahora habían dado un salto y podían conectar su Barcode Battler II… con las consolas de Nintendo.

La extraña pareja

Nintendo se subió al carro creando un dispositivo con lector de códigos llamado Datach Joint, que utilizaba sus propios juegos. Pero era consciente de que el auténtico amo de este sub-sector era Barcode Battler, de manera que entabló relaciones con Epoch. Así, se comercializó un cable con el que la portátil podía conectarse a la Famicom (recordemos que ésta tenía los mandos adosados de manera inseparable, al contrario que nuestra NES, por lo que los periféricos adicionales tenían que conectarse mediante un puerto de extensión).

El juego que ambas compartieron se llamó Barcode World, que incluía 30 tarjetas de personajes de la compañía Sunsoft. La mecánica era la misma de la que hemos hablado, aunque ahora los combates podían verse en el televisor y los personajes se mostraban tal cual, no sólo sus valores numéricos. En este vídeo podéis ver el funcionamiento.

Super Famicom también tuvo su ración de Barcode Battler gracias a otro adaptador de conexión (Barcode Battler II Interface). Para esta consola aparecieron muchos más títulos distintos: Conveni Wars: Barcode Battler: Senki (un juego de estrategia con robots y otras criaturas grotescas); Doraemon 2 y 3 (sobran las explicaciones); el RPG Dragon Slayer II; o los juegos de fútbol J-League 94 y 95 (en los que podíamos jugar con las mascotas de los equipos). Pero no quedó ahí la cosa: dos juegos míticos como Super Mario World y The Legend of Zelda: A link to the past también se vendieron con cartas que podían ser leídas por Barcode Battler para desbloquear en ésta nuevos enemigos y personajes, incluido el propio Link.

El legado de Barcode Battler

Barcode Battler II fracasó estrepitosamente en España, como era de esperar. En Japón fue relegado al olvido no por ser una moda pasajera, sino porque la tecnología para emplear los códigos de barras en los videojuegos continuó progresando de manera imparable. Game Boy también tuvo en Japón un dispositivo destinado a este fin, llamado Barcode Boy (originalidad al poder). Una consola muy similar a Barcode Battler, llamada Skannerz, utilizó la popularidad de Dragon Ball para crear un juego destinado exclusivamente a la serie (Saiyan Skannerz), con varias ampliaciones. Tiger, que se apunta a un bombardeo, creó la consola Tiger Barcodzz, en la que sacó versiones nada menos que de Mortal Kombat y Street Fighter. Y Sega hizo lo propio pero trasladando las posibilidades de los códigos de barras a las máquinas recreativas: Dinosaur King y Love and Berry. En ambas había que jugar deslizando por el lector el código impreso en las cartas coleccionables.

Con el paso del tiempo llegaron los dispositivos que ya nos resultan mucho más familiares: el Nintendo e-Reader o el Play Station Eye. Y en el mundo de los móviles, podemos encontrar en la actualidad juegos como Warcodes para iOS o Barcode Beasties para Android, que recuperan el espíritu de buscar criaturas escondidas en cualquier código de barras que encontremos.

A partir de ahora espero que no os olvidéis del entrañable barco del señor Battler… y recordad que gracias a él, en parte, podéis hoy encontrar Pokémon salvajes con vuestro Street Pass.

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