Hace tiempo que ya no tarareo por la calle...
Aunque parezca raro, es un hecho que me preocupa, y mucho, ya que si no tarareo no sonrío. Ya se, puedo parecer un loco por la calle tarareando y sonriendo. Cuanto menos, seria siniestro...
Y es que me siento solo sin música en mis labios. La gente con la que me cruzo al andar, extraños embutidos en gruesos abrigos y con bufandas que les tapan la cara, son fantasmas inexpresivos, un trocito de universo ocupado por carne, sangre y huesos. Hasta que sonrío. No todos, no muchos, mas bien pocos, responden al estimulo visual con otra sonrisa, acompañándome en mi caminata.
Ya he descubierto la razón por la que ya no tarareo por la calle: mi radio interna esta callada. Y eso ocurre cuando no hay música memorable en mi cerebro.
Y es que la música de los videojuegos actuales es un mero acompañamiento interpretado por una banda. Pasó la época donde los pitidos, crujidos y zumbidos de los chips de sonido de las viejas consolas eran parte integral de un videojuego, capaces de hacerte sentir.
Debido al trabajo, a la época navideña que nos invade de novedades para las consolas y al (re)lanzamiento de Pocket Invaders, no tengo tiempo para jugar a los clásicos de toda la vida: Super Mario Bros, Tetris, Street Fighter...
Ya no tarareo...