En mi anterior columna comenté algo sobre las películas en 3D. Por si alguien me interpretó mal, no estoy en contra de esta nueva tecnología. Yo también fui a ver Avatar en 3D y salí del cine totalmente fascinado. Me gustó la experiencia porque defiendo que la película es buena y el uso de las tres dimensiones se convierte en un elemento narrativo más, un vistoso añadido cuya ausencia no estropearía el resultado final. Pero muchas de las películas que se publicitan enarbolando la bandera del 3D son un truño considerable en el que personajes animados con poca alma te estornudan o te eructan para que puedas sentir las gotas de su babilla en la frente. Eso sí que es inmersión…
Los videojuegos, que son un medio de entretenimiento eminentemente sensorial, no dejan de copiar la técnica del espectáculo que promueve el cine. Cada vez deben ser más grandes, más espectaculares y con gráficos más realistas. Ahora el 3D dará más posibilidades a los desarrolladores para que sigan deslumbrando a los jugadores con nuevas experiencias visuales (¡qué alegría, ahora que tenemos monitores en HD tendremos que cambiarlos por monitores 3D!).
Y no sólo se trata de gráficos. Las mayores producciones del ocio interactivo contratan a grandes compositores para sus bandas sonoras y se jactan de contar con el mejor reparto de actores para sus doblajes (y en los casos más extremos, para ponerles cara a sus personajes). Todas estas inversiones pueden mejorar el acabado final del videojuego, no lo pongo en duda, pero hay una pregunta que muchos deberían hacerse después: ¿resulta divertido? ¿es agradable de jugar? Muchas veces no, y como mínimo la falta de originalidad es una constante dentro de muchos géneros. Me recuerda a lo que dice John Hammond de su Parque Jurásico: "No hemos reparado en gastos". Acto seguido pienso en otra cosa que dice el Dr. Ian Malcolm: "Ya, pero si en Disneylandia se estropea una atracción, no se come a los visitantes". Vale, es una metáfora muy forzada, pero usad la imaginación, diantres.
Mientras las desarrolladoras siguen creando productos cada vez más espectaculares, el 90% de los videojuegos seguirá copiando fórmulas jugables manidas, historias poco originales y formas narrativas anticuadas para el lenguaje interactivo. Pero los videojuegos son como el amor a primera vista: entran y se venden por los ojos. Las peleas y los divorcios vendrán después.