La revolución sibilina
Los blogs llegaron silenciosos e inesperados para cambiarlo todo y dejarlo como estaba
La información transmitida a través de soportes físicos está en decadencia. Casi sin darnos cuenta, hemos pasado de recibir con cuentagotas los detalles de nuestro vicio favorito a estar totalmente saturados de noticias, vídeos e imágenes que pueblan la red. Estos contenidos crecen con una rapidez pasmosa, se multiplican y sobre todo, se clonan.
Las pocas revistas que resisten el envite de la omnisciente Internet lo consiguen porque tienen detrás el respaldo de enormes grupos de comunicación. Pero ninguna empresa está en el mundo por amor al arte, así que estos medios son los primeros siervos de las compañías que acoquinan la pasta para publicitarse. Esta situación coarta irremediablemente la libertad de expresión de los redactores, algo que se manifiesta en esa pantomima máxima que son las notas, donde es difícil encontrar menos de un 8 en un juego bastante mediocre.
Como profetizaban muchos gurús de la informática, parecía que la revolución en este terreno se iba a materializar en la red de redes. Con unos gastos mínimos y un poco de esfuerzo personal cualquiera puede montarse un blog cuco en el que expresar su opinión sobre el mundo de los videojuegos o contar las noticias a través de su propio prisma.
Hete aquí la augurada visión crítica, plural y alternativa que tendrían que traernos los nuevos tiempos. Buceando por el ciberespacio puedes encontrar muchos blogs que aún conservan un carácter propio, como Feel The Byte, Akihabara Blues, Vida Extra, Anait Games y un montón más que ahora me van a disculpar por no nombrarlos, ya que la lista sería demasiado larga. En estas páginas no se cortan ni un pelo a la hora de mostrar su opinión sobre temas tan espinosos como la piratería, el precio de los juegos, los problemas de localización, etc. Son precisamente estos artículos y el cariz que se les da lo que marca una diferencia real de cara al enorme flujo de información que inunda todos los días nuestros lectores de feeds.
Pero aún contando con todos estos blogs y muchos más que defienden opiniones muy válidas e incluso políticamente incorrectas (el cachondeo de Danteneverdies es un buen ejemplo de ello), el gran océano de Internet está poblado por bitácoras que intecionada o accidentalmente funcionan como una extensión más del marketing viral de las compañías. Los vídeos y galerías que se publican en estos espacios personales y subjetivos aumentan el hype de los lectores con cada nimia novedad, y eso es un ahorro en publicidad incalculable para la industria del videojuego.
Por supuesto puedes mostrar estos archivos y luego ofrecer una crítica negativa sobre el juego, pero ya sabéis cómo son estas cosas: lo importante no es que se hable bien o mal de un producto, sino que se hable de él. Además, las compañías están al tanto de lo que se cuece en la red, y lejos de enfrentarse a sus "enemigos" bloggers han sabido camelárselos muy bien. A todos nos gusta que nos envíen copias promocionales y que nos regalen ediciones coleccionisa, pero no olvidemos el interés que hay detrás de estos regalos. Un blogger con un juego es un blogger contengo, y como mínimo esto va a repercutir positivamente en su opinión porque en el futuro querrá recibir más paquetes de prensa.
No culpo a nadie porque todos estamos en el mismo barco. Un blog, al igual que una web, se compone de trabajo, ilusión y, no lo olvidemos, toneladas de ego. Todos queremos generar opinión, ser reconocidos y en el caso más extremo ganar un mínimo sustento con ello. Lo que sí tenemos que intentar es no caer en las redes del hype más allá de lo estrictamente necesario, porque si no además de traicionarnos a nosotros mismos estamos condenando a nuestros lectores.





Los blogs no cambian nada, pero quieren hacerlo. Solo que ni ellos están preparados para hacerlo, ni Internet es un vehículo capaz para las masas en este país. Aún no. Dentro de 5 años, cuando el ADSL universal se haya extendido quizás.
Podría meter más parrafada, pero no quiero quitarle el placer a los que vengan detrás de mi