Y después, ¿qué?
¿Qué ocurre en nosotros después de terminar un juego? ¿es un pequeño alivio o una pequeña depresión?
Ayer me pasé un juego al cual le tenía ganas desde hace tiempo, Dark Sector. Al margen de si es un buen juego o no (no entiendo por qué tantas críticas a este título, con sus pros y sus contras yo le daría un notable) nada más terminarlo me invadió una enorme sensación de vacío. No estoy hablando de algo excesivamente metafísico, pero ¿qué ocurre dentro de nosotros cuando terminamos un juego que nos ha tenido especialmente enganchados?
Es difícil de explicar, pero en pocas ocasiones esa sensación consigue ser tan redonda y perfecta como nosotros deseamos. Por lo pronto, si el juego nos estaba gustando mucho, sentiremos algo de pena porque se acaba. Si por el contrario el juego era pasable sin más (pero nos veíamos de alguna forma abocados a terminarlo) también podremos sentir cierta sensación de "alivio". Y es que la mayor recompensa que ofrece un juego al terminarlo no es ningún logro o trofeo, sino la posibilidad de guardarlo en su caja y pasar a otra cosa.
Los jugadores más hardcore pueden encontrar placer en rejugar todos los niveles en una dificultad más alta o pueden intentar desbloquear más extras para permanecer cerca de un juego que ya pasó a mejor vida, pero lo cierto es que un título sin un on-line sólido o sin un modo cooperativo decente no ofrece muchos alicientes para volver a por él, al menos inmediatamente.
Por eso es importantísimo el ritmo que ofrecen los videojuegos. Un juego puede tener una historia absurda o carecer de ella, puede tener un argumento interesante pero narrado de una forma horrible y confusa (Lost Planet o Dark Sector, por poner unos ejemplos) y aún así puede seguir siendo un buen juego. Lo que no puede permitirse jamás es una larga falta de ritmo. Por eso es muy importante no sólo la experiencia de la jugabilidad que ofrece en su conjunto, sino los momentos álgidos y emocionantes que nos proporciona, especialmente en su recta final (que debe ser la que recordemos como más épica y espectacular).
Por eso después de terminar un juego nos quedan en la cabeza durante unas horas las reverberaciones de los disparos, los espadazos, los golpes, las magias y las artimañas que tuvimos que hacer al enfrentarnos con nuestra Némesis de turno o con el jefe final que culminaba la última fase del juego.
Y es que algunas cosas no cambiarán: los juegos pueden estructurarse por capítulos y no por niveles, pueden intentar parecer reales como la vida misma, pero cuando llegues a tu destino siempre habrá un final boss esperándote. Tú lo sabes y él te aguarda con impaciencia, está deseando encontrar el momento de matarte por enésima vez... o de que tú le mates por fin de una puñetera vez para así acabar con su sufrimiento y con vuestra absurda disputa.















Yo me paso muy pocos juegos, normalmente no juego mucho y me canso rápido de la mayoría. Cuando encuentro un juego que ha conseguido engancharme lo suficiente como para pasármelo... realmente me gustaría que no acabara nunca!
Esto me ha pasado con Dragon Age, después de meses jugando logré pasármelo y nunca me había sentido tan triste de acabarme un juego a pesar del increíble final XD
Buen artículo Eldan! me ha dado que pensar