El Analista envenenado
Desde los inicios de la prensa de los videojuegos en España hemos visto cómo las valoraciones de los juegos en las principales publicaciones han ido inflándose hasta desvirtuarse completamente. Analizamos este curioso fenómeno, sus posibles causas y si realmente es un mal necesario.
Desgraciadamente es algo habitual que ha transformado nuestro baremo a la hora de valorar un juego y de lo que es extraordinariamente difícil desembarazarse: si ese título no llega al 8 no merece la pena porque está claro que es un juego mediocre, seguramente todo lo que ofrece lo ofrecen otros mejor y ¿para qué perder el tiempo con él?
Pero parémonos un momento: un 8 es un notable, muchos habríamos matado por conseguir uno en la universidad por lo tanto ese juego debería ser un derroche de virtudes y yo no me lo perdería por nada del mundo. ¿Qué está pasando aquí? Está claro que algo falla y es que la relación entre nota y calidad se ha desvirtuado y creo que el problema tiene dos caras: la independencia y la coherencia o la falta de ellas para ser más claro.
La independencia en la prensa (al menos en este país y hablando en términos muy generales) es como la honradez en la política: algo de lo que se alardea y enarbola en cuanto se tiene oportunidad pero que es sabido por todos que no se tiene y se acepta como tal por costumbre. Las principales publicaciones impresas lo han padecido desde sus comienzos aunque en los últimos años es más descarado que nunca. Que una gran distribuidora no vea con buenos ojos una nota inferior a 9 para su juegazo del año y que por ello condicione su valoración en la publicación impresa pionera en España no es algo que pueda sorprender a nadie y eso es triste.
Afortunadamente en Internet este fenómeno está más atenuado, sin embargo aquí es donde entra la falta de coherencia que sí presenta su cara más descarada en las principales páginas web del sector. Es habitual leer análisis en los que se citan, como es lógico, aspectos negativos de un título y sorprenderse después al contemplar que la valoración general de ese juego es un 10. Para empezar pienso que la perfección no existe y si así fuese, algo perfecto no podría tener nada malo que ponderarse. Esto es algo paradójico que escapa de la obvia subjetividad del redactor, que se debería controlar en este tipo de publicaciones y que no afecta sólo a las grandes obras maestras. Si un juego es definido como un título del montón que no aporta nada nuevo no se debería merecer un notable a la hora de analizarlo y si un juego es malo porque rezuma defectos por todos sus poros es ridículo regalarle un suficiente porque está claro que el trabajo realizado para su desarrollo es insuficiente del todo.
Sabemos que es extraordinariamente difícil desintoxicarse de un veneno que lleva dos décadas recorriendo las venas del periodismo en este sector pero somos nosotros, los lectores y futuros consumidores de los productos los que debemos exigir esos dos pilares fundamentales: independencia y coherencia porque al fin y al cabo sólo es cuestión de tener criterio.














Como siempre, un placer leerte Paperboy!