Si hay algo que está de moda en el actual mundo de los videojuegos, es el género musical. Pese a que sus comienzos se dieron hace ya más de una década con títulos como Guitar Freaks para PsOne o Pop´n Music para Dreamcast (ambos, por otra parte, muy notables), el furor por este tipo de juegos ha llegado de la mano de Guitar Hero, removiendo los cimientos de la industria con sus melenudos poligonales y sus guitarras Gibson de plástico. Mientras tanto, en Japón, donde la concepción de los videojuegos musicales (entre otras muchas cosas) es radicalmente distinta a la del resto del planeta, un título para Nintendo DS está barriendo las listas de ventas de todo el país: Hablamos, nada más y nada menos, que de Rhythm Tengoku Gold.

Este juego es una secuela de Rhythm Tengoku, lanzado en 2006 para GBA, el cual no llegó a cruzar las fronteras niponas debido a que, entre otras cosas, Nintendo DS había aterrizado en los mercados con tal fuerza que eclipsó totalmente a su hermana pequeña. No obstante, en Japón Rhythm Tengoku alcanzó unas muy buenas ventas, debido a su innovador y atractivo sistema de juego, consistente en seguir el ritmo de la música para llevar a cabo las más disparatadas pruebas. Pese a la limitación técnica de GBA, el control y el sonido eran más que suficientes para hacer sudar al más recalcitrante jugador de Guitar Hero que pueda encontrarse en YouTube. La segunda parte continúa la estela de la primera, si bien existen algunos cambios considerables debido a las innovadoras capacidades técnicas de la doble pantalla de Nintendo. Para empezar, el juego es controlado en su totalidad mediante el Stylus, permitiendo así un abanico más amplio de posibilidades a la hora de seguir el ritmo. Por otro lado, la música, compuesta casi en su totalidad por el afamado músico japonés Tsunku, luce con mayor calidad que en GBA, debido a la evidente evolución técnica conseguida con Nintendo DS.

Rhythm Tengoku Gold plantea al jugador las más disparatadas situaciones en las que, siguiendo el ritmo de las distintas canciones conseguiremos, por ejemplo, ayudar al niño de un coro a no desafinar, cargar unos robots de combustible, o ganar una partida de pin-pon. Los gráficos son alegres y coloristas, recordando, prueba tras prueba, que detrás de este juego están los creadores de Wario Ware, otra de las sagas más hilarantes de la portátil de Nintendo. La variedad de las pruebas es sorprendente y, pese a que el patrón de movimientos que debemos llevar a cabo con nuestro Stylus no es demasiado amplio, el ingenio con el que ha sido desarrollado los niveles nos hace desear superar el reto actual para ver que han inventado en el siguiente. Dichos retos, por otra parte, no son, ni de lejos, sencillos de superar: sin que la dificultad llegue a ser un lastre para la jugabilidad, sí es cierto que algunas de las pruebas están pensadas con la malicia propia de un villano de opereta, con un nivel de exigencia que nos permite poco más que un fallo en toda la canción. Mención especial merecen los remixes al final de un conjunto determinado de pruebas, que ofrecen una mezcla de todas éstas en un éxtasis de color y ritmo.

Para vosotros, frikis, que ya babeáis sobre estas páginas pensando en el momento de comprarlo en cualquier tienda de importación, decir que, bajo el nombre de Rhythm Heaven, este juego saldrá de una vez por todas a comerse el mercado europeo y americano. ¿Se hará un hueco entre tanta batería y guitarra, al igual que lo consiguió el soberbió Osu! Tatakae! Ouendan! Permanezcan atentos a Pocket Invaders...