Crónica de una paja anunciada
Dead or Alive Paradise para PSP no es más que la evolución natural de los juegos de lucha picantones
Lleva años ocurriendo. Desde que la resolución de las recreativas permitió mostrar pechos mediante el noble arte del píxel, no ha habido ni un solo juego de peleas en el que no se incluya una o varias luchadoras sexys y gratuitamente ligeritas de ropa. Por eso ver a las chicas de Dead or Alive retozar por la playa ya no extraña, simplemente asumimos que las patadas giratorias y los golpes de kárate no son su principal atractivo.
Como dijimos antes, este fenómeno no ocurrió de la noche a la mañana. Todo el mundo recuerda el excesivo rebote de los turgentes senos de Mai Siranui en The King of Fighters, las largas piernas de Chun-Li, las bragas de Sakura en Street Fighter, la tirilla de tela que usa Ivy como sujetador o el ajustadísimo traje ninja de Taki en Soul Calibur. Como podéis comprobar en las gratuitas e innecesarias imágenes que acompañan a este artículo, la erótica y las artes marciales siempre han ido unidas de la mano en el mundo de los videojuegos.
En Japón se consume mucho todo tipo de productos eróticos que muestran fantasías cuanto menos inquietantes. Estos delirios guarretes se manifiestan primero en la cultura del manga a través de distintos subgéneros para después dar el salto al anime y luego seguir su expansión a través de merchandising de lo más variado, desde voluptuosas figuritas de plástico obscenamente caras hasta los videojuegos más extraños.
Llegados a este punto hacemos una parada en un producto que ha seguido paso a paso este proceso comercial. Se trata de Ikki Tousen, un manga con altos niveles de violencia y sexo sugerido que le acercan al género del seinen. Lo protagonizan chicas que van al instituto y son reencarnaciones de los héroes de la leyenda china de los Tres Reinos.
El concepto en sí ya resulta bastante estrambótico, pero lo divertido empieza cuando durante las peleas la ropa de las voluptuosas jovenzuelas se va rompiendo así porque sí para enseñar mucho más de lo que la decencia recomienda. ¡Esas son las bondades del fan service! El anime cuenta con varias sagas y OVAs y hay un par de juegos para PSP en el mercado: Ikki Tousen Xcross e Ikki Tousen Eloquent Fist.
Mucho muslo y poca falda
La fórmula de estos juegos es similar a los clásicos de lucha en scroll lateral como el mítico Double Dragon. Los enemigos son pandillas de chavales y de vez en cuando aparece algún que otro jefe final más duro de roer. El juego recuerda un poco a Street Fighter, sobre todo en los movimientos especiales que cuando se ejecutan dejan una estela detrás.
Los gráficos no son nada del otro mundo. Los personajes se mueven por la pantalla mediante sprites bidimensionales que conservan todo el estilo del anime pero las animaciones en sí resultan algo ortopédicas. Sin embargo, los fans de la serie perdonarán facilmente estas "pequeñas" pegas cuando puedan apreciar los desmesurados bustos que se vislumbran entre las rasgadas vestiduras de las chavalas.
Cada vez que la chica recibe un golpe que la lanza por los aires, pierde un poco de ropa (a lo Ghost and Goblins pero erótico, vaya) y aparecerá una imagen bastante sugerente. Como no podía ser de otra forma, estos juegos también están sazonados con muchas escenas sacadas directamente del anime.
Por si el fan service del juego fuese poco, en Japón salió a la venta una edición limitada que incluía varios extras que harían las delicias de los otakus más salidos: un póster, cartas y hasta una figurita con dos chicas metidas en una bañera...
En un ejercicio de imaginación, vamos a pensar que de algún modo un juego como este llega a distribuirse en el mercado occidental. Gracias a la difusión mundial del anime, no sería difícil encontrar un público al cual le gustase este estilo de juego. Pero sería bastante grande el revuelo mediático y más de una cadena de televisión emprendería una cruzada contra un producto como este por corromper la moral de los jóvenes, conducirles hacia tenebrosas perversiones sexuales y tal y cual.
En Japón se compran y se venden productos eróticos mucho más aberrantes y aún así hay menos casos de abusos sexuales que en muchos otros países del primer mundo. El debate está aquí: ¿este tipo de material turba la visión sobre el sexo o sólo sirve como vía de escape para las fantasías prohibidas de mucha gente? Yo no lo sé, pero ya he tirado la primera piedra.













