El detective más famoso de todos los tiempos, creado por Arthur Conan Doyle a finales del siglo XIX, ha sido violado y pervertido por segunda vez en lo que va de año. La primera fue la adaptación, digamos, demasiado libre que llevó al cine Guy Ritchie y la segunda viene de la mano de los chicos de Frogwares, al estrenar este Sherlock Holmes y el Secreto de la Reina.
Lejos de mí queda la intención de ser purista. Éste título no peca, en absoluto, de ser demasiado libertino sino que, más bien, se queda muy corto en su afán de imitar las andanzas de este detective inglés.
No sé si atribuir los errores de este título a la inexperiencia de una compañía pequeña como es Frogwares o, quizás, a la falta de financiación de un juego de bajo presupuesto, si bien es verdad que tiene algunas carencias de base que cualquiera se podía haber dado cuenta ¿Por qué subirse al carro de la fórmula del éxito tan descaradamente e imitar píxel a píxel la forma de juego de la saga del Profesor Layton? Ni inexperiencia ni falta de liquidez, eso es, para mí, poca vergüenza. Es querer rapiñar jugadores de una idea y un sistema de juegos muy bueno que han creado otros. No creo que sea ilegal, pero sí demuestra una gran falta de moralidad por parte de unos desarrolladores que ya vieron como el primer título de su saga, Sherlock Holmes: El Misterio de la Momia, fue un completo desastre.

Quiero insistir mucho en este punto, ya que es lo que más llama la atención cuando empiezas a jugar a esta aventura: Sherlock Holmes copia sin ningún tipo de pudor a los juegos protagonizados por el profesor Layton. Os diré por qué: El juego se basa en la resolución de puzzles que o bien encontramos por el camino o nos frecen los personajes con quienes interactuamos. Estos puzzles nos dan cierto número de puntos, en relación a la dificultad que tengan. A diferencia de en El Profesor Layton, aquí no hay monedas con las que comprar pistas, en su lugar, esas pistas cuestan puntos, que no ganaremos al resolver el acertijo si las hemos gastado. No solo esta parte es igual, sino que el desarrollo del juego también es inquietantemente parecido. La vista de los escenarios vacios donde encontrar objetos o personas con las que interactuar, tu fascinado ayudante (Luk... digoo Watson), los dibujos bidimensionales de quienes hablan sobre sus líneas de diálogo... Todo recuerda por doquier a la saga de Level 5, pero todo está, además, muchísimo menos conseguido.

Los tiempos de carga entre pantalla y pantalla son demasiado largos; los botones, como el inventario o el salvar partida, están a varios clics de la pantalla principal de juego; los personajes solo tienen una imagen que se repite hasta la saciedad cada vez que hablan. Y así encontramos una larga lista de ectéteras que merman la jugabilidad de este título. Y ni siquiera los puzzles están bien planteados. Se te plantean acertijos sin antes explicarte en qué consisten, lo cual ya es un grave handicap, pero si a ello le sumamos la facilidad de algunos de estos nos encontraremos, a veces, con que hemos resuelto el acertijo antes de saber qué había que hacer.

También he de decir que he encontrado algo que sí me ha parecido original y que, además, encaja a la perfección con el personaje que aquí nos ocupa. Hablo de la creación de hipótesis. Sherlock Holmes es especialista en plantear hipótesis y un juego sobre una de sus investigaciones no puede dejar esto de lado. Esta parte del juego surge a veces, cuando has de suponer qué ha pasado en un lugar o cómo se van hilando las diferentes partes de la historia. Para ello contaremos con varias hipótesis de las cuales deberemos marcar una y respaldarla con cierto número de hechos que ya sabemos que son ciertos. Si acertamos la hipótesis y la respaldamos con las pruebas correctas podremos continuar, si no, pues a seguir probando.
El apartado gráfico es muy pobre y tiene algunos fallos garrafales. Por ejemplo, ya comenté antes el hecho de que cada personaje tiene solo una representación gráfica, como si fuese un recortable, lo cual hastía terriblemente al jugador. Otro error, por comentar alguno, es el mapa de Londres: para movernos por él tendremos que señalar un lugar con el stylus para que Holmes y Watson se dirijan hacia allá en coche de caballos ¡Pero el coche de caballo no va por las calles del mapa!, ¡va en línea recta, saltando edificios como si volase! Ay, Frogwares, Frogwares...

En conclusión, nos encontramos ante un juego pobre, tanto en originalidad como en realización. Es un juego hecho con un fin: Atraer a los seguidores de la saga del Profesor Layton. Ciertamente, puede que estos seguidores encuentren en Sherlock Holmes y el Secreto de la Reina un título entretenido para matar los meses que separan la salida de un juego de Layton de otro. Pero tampoco conseguirá llegar mucho más allá. Un juego prescindible del que dentro de poco tiempo todos nos habremos olvidado.
Nota del autor: Los análisis de Pocket Invaders suelen estar escritos en primera persona del plural, para que así todo el equipo cargue con las opiniones que genere; no obstante, me pareció prudente redactar este artículo en singular, ya que seguramente cree descontentos los cuales me gustaría focalizar en mi persona ¡Aún así, me encanta poder haber escrito, por fin, una crítica tan salvajemente destructiva!
No se merecen el aprobado. Tiene unos gráficos muy para salir del paso y, sin duda, a estas alturas queremos algo más. No sé, Frogwares, un animación de vez en cuando o algo, no un cartelito que ponga "estás yendo a no-sé-dónde".
No es mala del todo, pero es una copia tan literal del Profesor Layton que no se merece el aproabdo. El sistema es igual, solo que peor: tiempos de carga lentos, momentos en los que no sabes qué hacer...
No puedes guardar durante los puzzles, que son la mayor parte del juego, así que siempre tienes que esperar a superarlo o a que los personajes terminen de hablar para poder salir.
Cumple, sin más. La música sí está bien lograda, pero los efectos sonoros son demasiado básicos.
Si por mí fuera, cuanto menos dure el juego mejor. No obstante a quien le guste esta historia tendrá un juego con una duración más que decente.
