Skate Park City es uno de esos juegos discretos que llegan sin hacer mucho ruido, pero que en realidad tienen mucho que decir. Más que innovar, recoge lo bueno que han hecho otros juegos dentro y fuera de su género, lo mezcla con saber hacer y sobre todo no escatima en conseguir un desarrollo ágil y una duración más que aceptable.
En este juego la historia no es demasiado importante. Tanto es así que aunque existe un hilo argumental, no se ha puesto cuidado en explicar el contexto y ni siquiera se ha buscado que la trama resulte coherente. Los personajes entran y salen en escena sin presentación previa y sin venir a cuento. Un buen día, mientras los chavales se divierten practicando skate en la parte vieja de la ciudad, de un casino surge ?porque sí- un gran robot llamado Virus. Tal y como indica su malévolo nombre, esta máquina desea conquistar toda la ciudad. Para empezar, secuestra a nuestro compañero y para divertirse nos propone un juego: tenemos que superar los diversos e inconexos retos que nos planteen sus sicarios si queremos volver a ver a nuestro amigo sano y salvo.

Antes de comenzar la aventura propiamente dicha, es recomendable darse un garbeo por el tutorial. Nuestro mentor, una suerte de anciano hippie con una furgoneta voladora psicodélica, nos explicará paso a paso cuáles son los movimientos básicos. Además, aparecerá a lo largo de la aventura para explicarnos nuevas piruetas o darnos algún objeto necesario para progresar en la partida.
Además de las típicas volteretas en el aire, también se puede grindar casi sobre cualquier superficie (una baranda, el bordillo de la acera o la cornisa de un edificio) y en cualquier dirección (no importa que haya una cuesta arriba de 45º grados, el monopatín subirá sin problemas). Este tipo de movimientos requieren pericia por parte del jugador, ya que habrá que mover el analógico para mantener el equilibrio. Cuando se realizan bien las acrobacias y los saltos, se carga la barra de adrenalina, lo cual aumenta la velocidad, permite hacer más movimientos y da más fuerza para golpear a los enemigos. Al caerse, el medidor de adrenalina se vuelve a poner a cero, lo cual puede ser un gran problema si se está en medio de una prueba contrarreloj.

Una de las principales virtudes de este juego es su capacidad para sorprender. Cuando el jugador piensa que ya conoce todos los movimientos, un reto le descubre otra combinación de botones para hacer una nueva acrobacia. Además, no todo se limita a ir subido en un monopatín, ya que muchas pruebas se realizan sobre aerodeslizadores de distintas características. Para alcanzar estas plataformas y para desplazarse rápido por la ciudad, nuestro maestro nos entrega una herramienta tremendamente útil. Se trata de un rayo láser tractor capaz de dejar en bragas a la telaraña del propio Spiderman. Con sólo dos botones podemos apuntar hacia el vehículo al que queremos engancharnos y en un instante estaremos viajando sobre él.

La sensación de libertad es muy agradable, ya que los desafíos pueden superarse en el orden que el jugador desee, probando distintas estrategias o dejando un reto para después si se le atraganta. En cuanto a portabilidad, algo que valoramos mucho en esta revista, el juego merece un sobresaliente, ya que la partida puede grabarse en cualquier momento después de superar algún desafío. Teniendo en cuenta que casi ninguna prueba dura más de dos minutos, es casi como decir que puede grabarse en cualquier momento.

El juego flojea en algunos puntos, como por ejemplo la música. Aunque los temas de rock y disco genérico cumplen su función, son muy escasos y el ritmo acaba resultando un poco machacón. El control con el analógico puede ser algo impreciso en los giros abiertos y algunas veces al caer del monopatín se produce una pequeña ralentización del juego. A pesar de todo, estos errores son puntuales y no deslucen el resultado final. Para aumentar la vida del UMD se ha incluido un completo modo multijugador que dispone de 7 mapas, 6 personajes para escoger y hasta 10 tipos de competición, entre los que destaca el modo exhibición, las carreras por puntos de control y el death match.
Un título largo y completo que a pesar de sus carencias, no defraudará ni a los fans de Tony Hawk ni a aquellos que disfruten con un alocado arcade.
Una ciudad grande y detallada, aunque los personajes son algo simples.
La dificultad ajustada garantiza un aprendizaje progresivo y una diversión constante.
Se puede grabar en cualquier momento, por lo cual nuestros progresos siempre estarán a salvo.
La música cumple justita y los efectos sonoros son casi inexistentes.
394 desafíos en el modo historia y muchas posibilidades en el multijugador.

