Por su temática y planteamiento, Fat Princess podría ser perfectamente un juego de estrategia en tiempo real de esos que se estilan mucho en PC. Sin embargo es algo bien contrario, es un alocado hack and slash que cosechó buena fama en PS3 como juego descargable y ahora viene para hacer las delicias de los jugadores de PSP.

En Fat Princess: Fistful of Cakes se parte de un principio muy simple que acaba alcanzando una considerable complejidad. El primer contacto con Fat Princess recuerda a otros juegos de acción y estrategia, pero pronto se descubre que tiene un poco de ambos y que en realidad no se parece a ninguno de ellos. Basa su mecánica en la idea de capturar la bandera por equipos pero aportando ciertos toques tácticos al desarrollo.

Cada jugador controla a un pequeño soldado de uno de los dos reinos en liza (el rojo y el azul). Lo difícil del juego (que se disfruta mucho más en cualquiera de sus modos multijugador) consiste en que desde la individualidad, hay que tener en cuenta el concepto de equipo y el espíritu de colmena. Hay que recoger recursos para mejorar las fábricas de sombreros, al mismo tiempo hay que guerrear para conservar los puestos avanzados y también hay que procurar alimentar bien a las princesas para que no se las lleven del castillo. Complicado, ¿verdad?

Un atípico cuento de hadas
La historia de este juego es un absurdo y divertido cuento que sirve como pretexto para enfrentar a sus personajillos cabezones. Un día dos princesas paseaban por el bosque conocido como “Selva Negra” cuando se toparon con un enorme trozo de pastel. Al probarlo, cayó sobre ellas una especie de maldición, convirtiéndolas en adictas al dulce con un consecuente problema de sobrepeso. A lo largo de la campaña, los reyes de ambos reinos buscarán la cura para esta extraña enfermedad, lo cual les llevará a continuos enfrentamientos ya que ambos persiguen exactamente los mismos objetivos. A pesar de su estética naif, los personajes de Fat Princess hacen gala de una mala baba considerable que se manifiesta en sus gritos de guerra y en la violencia de los enfrentamientos, con charquitos de sangre y decapitaciones incluidas.
Cada jugador encarna el papel de un personajillo dentro de uno de los reinos rojo o azul. Aparece directamente en el castillo como un aldeano, pero basta con acercarse a una fábrica de sombreros y tomar uno para cambiar de clase. Hay varias clases y se pueden cambiar en pleno combate al recoger el sombrero que haya dejado algún otro soldado muerto, lo cual puede dar pie a estrategias improvisadas sobre la marcha.

Existen siete clases: trabajador, guerrero, montaraz, mago de fuego, mago de hielo, cura blanco y cura negro. Cada una tiene propiedades bien diferenciadas: los campesinos pueden cortar leña para mejorar las sombrererías, los guerreros son los más duros físicamente, los montaraces son más rápidos y atacan a distancia, los magos son débiles pero potentes con los hechizos, los sacerdotes pueden curar o absorber vida del enemigo, etc. Cada vez que un jugador muere, ya sea humano o controlado por la IA, vuelve a aparecer pasados unos segundos en el castillo donde puede volver a ponerse un sombrero. Con los recursos ganados se mejoran las sombrererías, lo cual otorga a los personajes armas secundarias mucho más potentes.


El juego incluye cierto toque plataformero inesperado y bienvenido. Aunque no es una constante, varios escenarios exigirán al jugador que tenga cuidado con sus saltos para no caer en ríos de lava o profundos acantilados. También abundan los atajos secretos útiles para llegar de una punta del mapa a otra. En estas ocasiones, desplegar el minimapa será de gran ayuda para localizar en todo momento los puntos de interés y ver dónde se están moviendo los equipos.


La inteligencia artificial del juego reacciona bien, aunque en el modo para un jugador hay poca interacción con ella. Lo máximo que le podemos pedir a los aliados es que tres de ellos nos acompañen, pero no existen más tipos de órdenes. Por eso este juego gana mucho en el modo multijugador, tanto on-line como ad-hoc. Hasta 16 jugadores (8 humanos como máximo y otros 8 controlados por la IA) podrán darse cita en estas multitudinarias batallas portátiles que pueden configurarse a gusto del consumidor.
Gráficos muy sencillos combinados con un diseño naif que le da un acabado muy divertido. De cualquier forma, tampoco son un derroche de virtuosismo.
Rápida y directa, no te costará ningún trabajo hacerte con el control del pequeño guerrero. Trazar una estrategia entre la marabunta de jugadores será más difícil.
Las partidas se pueden alargar durante bastantes minutos y no se puede guardar en medio de ellas, así que si vas a empezar una nueva batalla asegúrate de contar con un cuarto de hora libre por lo menos.
Musiquilla pegadiza y muy propia de los cuentos cuyo principal pecado es no resultar muy variada. Sin embargo el doblaje al castellano es estupendo, con la voz de Homer Simpson como narrador y todo...
Campaña con 15 capítulos rejugables, 9 modos de juego adicionales y muchos mapas distintos para disfrutar solo o en compañía. Si te gusta el pastel, te vas a empachar.

