Incluso antes de que Avatar se estrenase a finales del año pasado (suena lejos, pero en realidad hace muy poco), ya estaban en las tiendas los juegos basados en la película homónima. Una licencia de tal magnitud no suele dejarse atrás ninguna plataforma, pero en esta ocasión las enormes diferencias entre las consolas next-gen y las portátiles han jugado en su contra.
Avatar para PSP cumple con los clichés propios de los juegos basados en películas de éxito. En esta versión la historia es bastante diferente a la vista en el cine: sólo podemos manejar a un na'vi cuya misión será la de recuperar los objetos sagrados que los humanos han robado en su tribu.
Avatar resulta visualmente satisfactorio, con buenas texturas para los escenarios y un modelado de objetos y personajes correcto pero que podría haber dado un poco más de sí. Sin embargo, la ilusión de que Pandora es un mundo vivo y abierto se rompe pronto, ya que los escenarios son muy lineales y la interacción con los mismos está bastante limitada. La mayoría de movimientos que suponen algo de agilidad están bastante encriptados y no forman una parte activa del desarrollo. Además, se echa en falta una mayor presenta de la rica y exótica fauna que puebla Pandora en la película.
La jugabilidad tampoco es nada del otro mundo. El sistema de combate mezcla sigilo y acción, pero no ofrece al jugador las herramientas adecuadas para ello. De hecho, es el propio juego el que decide en todo momento si nuestro na’vi avanza sigilosamente o corre para atacar en función de si nos han descubierto o no. Es una idea interesante al principio, pero en la práctica el juego no detecta correctamente lo que está ocurriendo y eso provoca situaciones bastante frustrantes. La cámara también da bastantes problemas y hay que estar continuamente centrándola. Aunque puede localizarse un enemigo pulsando el botón L, una vez más el juego toma las decisiones por el jugador y si hay varios adversarios se bloqueará la cámara sobre aquel que el juego detecte que está más cerca. Por culpa de esto, un combate abierto contra dos o más humanos se convierte en una tarea casi imposible.
Las armas que podemos usar son un bastón para los golpes cuerpo a cuerpo y un arco y una especie de disco bastante cool para los ataques a distancia. Esta segunda arma también funciona mejor desde las sombras, ya que recibir un impacto mientras se apunta hará que perdamos la puntería. Las armas admiten múltiples mejorars gracias los espíritus de eywa recolectados por los escenarios.
Tanto las muertes silenciosas como muchas peleas contra jefes finales están formadas por vistosos quicktime events que irán aumentando su dificultad, pero muchas escenas se repiten y al final ya no acaban siendo tan espectaculares. De los niveles aéreos se espera mucha diversión, y aunque visualmente resultan muy atractivos, al final también pecan de repetitivos. Estas fases van sobre raíles y no podemos controlar el vuelo de nuestra especie de pterodáctilo, sólo podemos disparar a las minas flotantes y a las aeronaves enemigas. Siempre hay que acabar con las naves usando un quicktime event, que queda bien las primeras veces pero que al final cansa por lo repetitivo que resulta.
Sin duda, lo mejor del juego. Los escenarios están llenos de detalle y los personajes, vistos de cerca, ganan mucho.
Un control mal adaptado obliga al jugador continuamente a probar la táctica de ensayo y error en todo momento. Puede llegar a resultar tedioso avanzar.
No es muy portable, ya que no tiene guardado rápido. El guardado se realiza automáticamente al final de los niveles, que son considerablemnte largos.
La música es prácticamente anecdótica, pero las voces están bien dobladas y los efectos de sonido de la salva son bastante inmersivos.
Sólo tiene doce niveles, aunque repetir algunos momentos hará que el juego dure un poco más. También se puede rejugar cada nivel para completarlo al 100%, aunque nadie dijo que fuera divertido.


