Micromachines de Wipeout
Aerodeslizadores futuristas en miniatura
Desde que somos pequeños, casi todos hemos soñado con participar en algún tipo de carrera fantástica con vehículos futuristas, loopings imposibles y velocidad de infarto. Lo que en su día mostró el Episodio I de Star Wars con su frenética carrera de vainas (de lo poco salvable de la nueva trilogía) ya lo habían adelantado mucho antes los videojuegos con sagas míticas como Wipeout o clásicos como F-Zero.
El mundo del ocio virtual es un campo de pruebas idóneo para experimentar con este tipo de campeonatos, así que eso es lo que han debido pensar en Halfbrick, autores de Rocket Racing, un mini para PSP y PS3 con carreras de aerodeslizadores a escala.
Rocket Racing es un título que basa toda su encanto en una jugabilidad rápida y directa, pasando de todos aquellos elementos accesorios de los que hacen gala los juegos “mayores” (personalización, colección de vehículos, mejoras, etc.). Para empezar, sólo hay cuatro naves disponibles, cada una de un color y con unos cambios de diseño mínimos. Los escenarios, totalmente en 2D, presentan un aspecto futurista pero con unos elementos muy simplificados. Es divertido ver los carteles publicitarios que anuncian Age of Zombies, también de la misma compañía.
Más simple que el mecanismo de un chupete
De todos los botones que tiene PSP, sólo vas a necesitar tres de ellos para hacerte con el control de este juego: las flechas de dirección izquierda y derecha (o el analógico en su caso) hacen girar la nave, mientras que cualquier otro de los botones acelera los reactores del vehículo. No hay ningún otro control para activar turbos, ni frenos ni ítems algunos. Algunas zonas del circuito tienen tramos en los cuales al pisar sobre ellos se gana velocidad o se reduce, pero a parte de esto todo lo demás se reduce a la pericia de piloto para calcular la propulsión que va a necesitar en cada tramo de la pista.
Para hacer más interesantes las carreras se han introducido los derrapes como un sistema fundamental para batir los tiempos. Es uno de los pocos arcades de velocidad en los cuales tomar las curvas por fuera es mejor que recortarlas por el centro. El motivo es que al realizar derrapes cerca de la pared del circuito se gana mucha velocidad que ayuda a salir disparado después de la curva. Sin embargo hay que realizar los derrapes con mucha precisión, ya que el más mínimo choque frena bruscamente a la nave y puede dejar descolocado al vehículo.
Aunque la conducción de las naves resulta fresca y original, las carreras pronto se hacen repetitivas entre otras cosas porque no existe la posibilidad hacer juego sucio: las naves no se pueden chocar entre sí. Además, su dificultad puede aburrir de entrada a muchos jugadores. De todas formas, como último punto a su favor, también hay que tener en cuenta su excelente portabilidad, ya que los tiempos de carga son ínfimos y las carreras no suelen superar el par de minutos.
En Definitiva
Gráficos:
Sencillos en demasía. Presentan la acción con total claridad y cumplen con su función, pero algún que otro efecto visual más habría sido de agradecer.
Jugabilidad:
En su sencillez se encuentra la cara y la cruz de su encanto. Su control es simple y complejo a la vez, para unos será muy difícil y para otros una delicia, pero en cualquier caso su fórmula se acaba pronto.
Sonido:
Los efectos de sonido son escasos y las melodías algo repetitivas, así que no destaca para nada en este apartado.
Duración:
El modo campaña es con diferencia el más largo y completo. Los campeonatos no van mucho más allá de la superación personal y la ausencia de un modo multijugador como Dios manda le restan posibilidades.















gran analisis