Con tetas no hay paraíso
Las luchadoras más macizas del mundo de los videojuegos llegan a PSP con un firme propósito: enseñar cacho y cumplir los más lascivos deseos de sus seguidores masculinos. ¿Cumple con su propósito? Lo más triste es que seguramente no.
Los videojuegos y el erotismo, una mezcla tan absurda como antigua. Desde tiempos del mítico Gals Panic, pasando por el genial Leisure Suit Larry, mundos tan dispares han concebido productos que, sin ser sobresalientes, cumplían a la perfección con su cometido, ofreciendo jugabilidad y picardía a partes iguales. El sexo siempre ha sido y será un reclamo fácil para atraer al público (generalmente) másculino hacia todo tipo de productos. ¿Qué hubiera sido de Pajares y Esteso sin las suecas? ¿Benny Hill hubiera sido el mismo si no hubiera podido correr a cámara rápida tras unas rubias pechugonas? Efectivamente, amigos, el erotismo siempre es un condimento extra que da a sabor a cualquier plato. Lamentablemente, este no es el caso de DoA: Paradise, y no es que el plato no esté condimentado: es que, por mucho que lo intenten, no alimenta. Me explico.
La teta y el dólar
En Tecmo vieron el filón y no pudieron resistirse. Tras hacer pasar por quirófano a sus luchadoras favoritas, haciéndoles ganas tallas hasta dimensiones absurdas, la desarrolladora japonesa se dio cuenta de que el nucleo gamer masculino alavaba anteriores entregas de DoA, siguiendo la milenaria premisa de "Tiran más dos tetas que dos carretas". Si un juego de lucha, que a ojos de este redactor es regulero, conseguía vender mucho más por la "personalidad" de sus luchadoras... ¿Por qué no lanzar un spin-off en el que las playmates de Tecmo tuvieran más protagonismo? Así fue como nacio DoA Xtreme 1 y 2, ambos para Xbox. Dichos juegos llegaron a las estanterías con la cabeza bien alta y sin ruborizarse: las luchadoras de DoA jugarían a Boley Playa en paños menores, convirtíendose en todo un paradigma del fan-service.
Las bajas ventas que cosecharon estos títulos hizo que Tecmo decidiera llevar el spin-Off por otros derroteros, decidiendo que la próxima entrega se realizaría para PSP porque "encaja mejor con el espíritu del juego". Exacto, todo estamos pensando lo mismo, ¿Verdad? Pues para qué contaros más...
Así, DoA: Paradise llega a PSP expandiendo lo ya visto en Xtreme 1 y 2, y haciéndolo todo, si cabe, más descarado. Al principio del juego tendremos que elegir a la jamelga que protagonizará la aventura, y a la cual tendremos que enfundarle lo más de 100 bikinis que promete la portada, cada uno más cochinote que el anterior. Zack, el único personaje masculino de DoA que veremos en el juego, nos llevará a su isla, donde nuestro único fin será pasarlo bien, hacer amigas y comprarnos modelitos. Pero no os equivoquéis, no se trata de un simulador de vida tontuna que podría gustar a Paris Hilton. El juego, como bien se podía esperar, tiene el oscuro propósito de satisfacer las fantasías boyeur de los más tristones fanboys, ya que durante todo el rato observaremos el escultural cuerpo de la protagonista elegida para nuestro regocijo.
La jugabilidad de DoA: Paradise es tan simple que aburre a los pocos minutos de comenzar a jugar. Para poder ganarnos la amistad de otras chicas y así poder retozar en compañía por la paradisíaca isla de Zack, tendremos que comprar todo tipo de regalos que enviaremos y recibiremos cada día. Para ganar el dinero necesario disponemos de tres tipos de juegos: los de la piscina, los del casino y el ya clásico boley Playa. Una vez hayamos terminado de ganar dinero, podremos llevar a nuestra chica a las diversas zonas de relax, donde podemos realizarle todo tipo de fotos comprometidas mientras ella juega y se divierte de una forma un tanto simiesca.
El principal problema que tiene DoA:Paradise es que la base jugable del juego es muy aburrida. Las tres modalidades de juego cansan a los pocos minutos, y ninguna de ellas incita a volver a jugar. Las partidas de Boley son más o menos entretenidas, pero el casino es tedioso a más no poder y el jueguecito de la piscina falla más que una escopeta de feria. Y lo peor es que, después de eso, hay muy poco más que hacer.
El sistema de hacer amistades es insufrible, teniendo que repetir mil y una veces la misma pregunta a las otras chicas hasta que alguna accede. Es incomprensiblemente frustante que, manejando a una chica atractiva y simpática, otras chicas nos den, sin más, calabazas incluso para pasar un rato de diversión entre amigas. ¿Es un mensaje subliminal por parte de Tecmo? Quién sabe...
El caso es que prácticamente no hay nada que incite a intentar conseguir el centenar de bikinis disponibles, ya que la satisfacción de ver a unas jamonas poligonales haciendo cucamonas, desde luego, no es su ficiente. Además, no existe atisbo de modo multijugador alguno, lo cual es demencial teniendo en cuenta que los minijuegos se prestaban mucho a ello. ¡Y no hablemos de intercambios de bikinis! ¿Por qué, Tecmo, por qué?
Pezones pixelados
La parte técnica de DoA: Paradise debía ser necesariamente buena, y al menos, en esto, no han fallado. El plantel de mujerzuelas disponibles está magníficamente bien modelado, lo cual era casi obligatorio teniendo en cuenta que lo único que se obtiene como recompensa es ver pechos poligonales. Los escenarios y decorados están bastante bien, y las melodías acompañan sin cansinear demasiado, aunque por supuesto tengan ese tonito de "producto erótico-ligero". Era de esperar, ¿No?.
La portabilidad de DoA: Paradise es razonable. Después de cada minijuego o sesión erótico-fotográfica el UMD guarda automáticamente, por lo que no resultará complicado jugarlo en cualquier parte. Eso sí, no os lo recomendamos para el transporte público. ¡Una señora escandalizada bolso en mano puede ser un verdadero problema!
En definitiva, DoA: Paradise es un port casi directo de la saga Xtreme, ampliando tímidamente los contenidos y eliminando cualquier máscara que pueda relacionarlo con un título deportivo. Paradise es un juego guarrón, de esos que encantarán a los sacos de hormonas adolescentes, pero que acaba por no ofrecer nada más que pechuga poligonal. Si algo hemos aprendido de los clásicos erótico-festivos como el cine de Paco Martínez Soria es que si quieres ofrecer sexo sin convertirlo en porno tienes que ofrecer algo más, llámalo humor, aventura o simple diversión. DoA: Paradise no ha sabido ofrecer nada aparte de curvas fáciles, y sólo gustará a aquellos caprichosos onanistas que busquen cuerpos virtuales en detrimento de los reales. Triste es un rato, pero, ¡Eh! Para gustos los colores...
En Definitiva
Gráficos:
Chicas modeladas a la perfección, escenarios notables y buena ambientación. Teniendo en cuenta que es el TODO del juego, ¿Qué menos?
Jugabilidad:
Los minijuegos de DoA:Paradise son curiosamente parecidos a los diálogos de una peli porno: tontorrones, aburridos y para rellenar. Si hubiera una opción para saltarlos, seguramente lo haríamos. Un auténtico fiasco jugable del cual se salva, si acaso, el Boley Playa. Por culpa de ellos, ver a las protagonistas de DoA en bikini no merece la pena.
Sonido:
Melodías erótico-paradisíacas que cumplen sin cansar y aumentan el aire de producto ligero que tiene el conjunto.
Duración:
Si estás lo suficientemente salido como para intentar conseguir los 100 bikinis, el juego durará bastante. No obstante, cualquiera que quiera ver carne aparcará la PSP y usará Internet para estos menesteres, una solución mucho más lógica y sencilla. Además, de multijugador nanai.














