La caída del régimen comunista
The Red Star se ha pasado a PSP pero no se ha hecho portátil, lo cual le ha pasado una tremenda factura
Han pasado sólo 3 años desde el lanzamiento del original The Red Star para PS2, pero esta industria es implacable. Los juegos envejecen rápido y les cuesta volver a ser editados a no ser que en su día fuesen un gran hit. The Red Star mantiene una fórmula jugable fresca, imbatible y divertida, pero hay que penalizarlo porque no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Una auténtica lástima.
Más clásico que Sócrates
La cámara, siempre fija, ofrece un punto de vista cenital desde el cual se puede controlar perfectamente toda la acción. Un botón activa los disparos y el otro los golpes cuerpo a cuerpo. Con sólo pulsar el botón L y combinarlo con el de otro ataque, se ejecutan rápidos combos que pueden freír a los enemigos, lanzarlos por los aires o molerlos a palos sin que las vean venir. Como es habitual, los golpes físicos son más contundentes pero hay que saber bien cuándo utilizarlos, ya que algunos enemigos son más resistentes a según qué tipos de ataques. El botón L también sirve para fijar la puntería, lo cual permite mover al personaje sin dejar de disparar al objetivo. Pulsando el botón X se activa un escudo defensivo, y pulsando triángulo se desata un ataque devastador de área.
Jefazos finales
Las peleas contra los soldados rasos se hacen algo mecánicas y sólo cobran interés cuando el número de rivales y su fuerza comienzan a resultar un desafío. Sin embargo, el combate contra los jefes de final de fase (y de mediados de fase, y de principios) son de lo mejorcito visto en el género. No son una revolución y no aportan nada nuevo pero son combates bien diseñados. Cada tanque o nave enemiga tiene múltiples torretas que al ser destruídas provocan que retroceda o muestre un punto débil de su estructura.
Lejos de resultar rutinarios, estos combates son siempre muy divertidos gracias a las distintas e inesperadas rutinas de cada armatoste. Primero disparan balas normales, luego empiezan a trazar líneas con su láser, después lanzan bombas que se fragmentan con nuestros disparos, seguidamente tiran misiles que dañan la estructura del suelo… Las combinaciones son muchas y siempre sorprenden. Aprender la rutina de cada enemigo es una mezcla entre la observación perspicaz y el viejo sistema de ensayo y error.
Después de cada nivel conseguimos dinero de los enemigos abatidos. Con este dinero se pueden comprar mejoras de salud y ataque, potenciar nuestras armas o comprar otras nuevas. Cad arma tiene una cadencia, una orientación de disparo distinta (doble cañón, disperso, discontinuo, etc.) y un tiempo de refresco.
A nivel de acabado técnico, es más justo que su predecesor para PS2. Si aquel ya no presumía de grandes gráficos, la versión para PSP cumple más que justita, aunque los escenarios siguen conservando un diseño muy bueno. La música tampoco resulta especialmente memorable, no existe trabajo de doblaje y los efectos de sonido cumplen con su función.
Demasiado old school
Así de severo es el sistema de juego, el cual te obliga ya no sólo a superar del tirón una larga fase, sino que además tendrás que hacerlo prácticamente perfecto. Después de un par de intentonas, la moral del jugador empieza a verse minada y es difícil no arrojar la consola por la ventana. Conforme los niveles se van haciendo más difíciles, la acción se vuelve imposible y sólo jugable para auténticos jedis de los botones.
Por otro lado, la historia tampoco está bien hilvanada. No dudamos de que el cómic en el que se basa el juego tenga un argumento interesante, pero lo que es el juego carece totalmente de él. No hay escenas cinemáticas de ningún tipo entre una misión y otra. La única información que recibimos cuando no es la hora de las tortas son mensajes confusos de un capitán que nos dice que destruyamos tal o cual tanque o que volemos por los aires tal o cual instalación militar. Después de mucho jugar me di cuenta de que no sabía ni quiénes son los buenos ni quiénes son los malos.
El otro gran error que viene a estropearlo del todo es la ausencia de modo multijugador. El título original para PS2 podía jugarse entero entre dos personas, pero este carece de ese aliciente. Un duro revés para la jugabilidad y rejugabilidad de un título que desafortunadamente está tocado y hundido.
En Definitiva
Gráficos:
El título no mejora lo visto en PS2 y se vuelve un poco más poligonal. Aún así los escenarios siguen conservando su encanto.
Jugabilidad:
Deja un sabor agridulce: por un lado tenemos un delicioso control, intuitivo y práctico, y por otro un sistema de juego que obliga a repetir largas fases desde el principio por cada muerte. Ala, ahí queda eso.
Sonido:
No recordarás la música después de jugarlo y los efectos de sonido son pocos. Un apartado bastante anecdótico.
Duración:
Mucha, muchísima, sobre todo si mueres una y otra vez... Errores garrafales a parte, el título cuenta con una buena duración, pero el hecho de que no tenga multijugador también le quita puntos.














