El primer viaje de Pit
Nintendo 3DS rescata Kid Icarus, el original de NES, para su serie 3D Classics. Si no conoces los orígenes de Pit, ahora tienes la oportunidad de acompañarle en su viaje por el Inframundo
Parecía que no iba a llegar nunca… pero por fin podemos decir que falta poco para que la nueva aventura de Pit, Kid Icarus Uprising, llegue a Nintendo 3DS. El 22 de marzo es la fecha elegida, en la que podremos comprobar si todo el bombo que se le dio en su día al desarrollo de este juego (recordemos que fue el buque insignia de la presentación oficial de Nintendo 3DS en el E3) es merecido.
Mientras tanto, podemos ir calentando motores jugando a la primera aventura, Kid Icarus, remasterizada para la ocasión en esa serie que se ha dado en llamar 3D Classics. Por ella han pasado, entre otros, Kirby´s Adventure o Excitebike. No todos los juegos se adaptan al 3D con la misma fortuna y no siempre encontramos suficiente aliciente para rejugarlos de esta manera; sin embargo, en el caso de Kid Icarus también posee una personalidad propia, muy particular, que lo convierte en un juego digno de ser catado hoy en día por nuevas y viejas generaciones.
Un curioso origen
Antes que nada, hay que hacer un poco de historia. Hablar de Kid Icarus supone remontarnos nada menos que a 1986. En esa época, este particular ángel con visos de Cupido hizo su primera aparición en una plataforma de Nintendo… concretamente en el Famicom Disk System. ¿Os suena este nombre? Es uno de los muchos cacharrejos que la compañía lanzó en el País del Sol Naciente, en la época en la que la explosión de la tecnología había disparado el afán por experimentar con todo tipo de formatos. En concreto, Famicom Disk System era una especie de periférico que utilizaba diskettes de 64KB y se acoplaba a la propia Famicom a través de un puerto. Por si os lo estáis preguntando... no, no tuvo una vida muy larga que digamos.
Kid Icarus fue lanzado en formato cartucho para NES en Estados Unidos y en Europa, en 1987. Podríamos decir que tanto el juego como el personaje como los conocemos se fraguaron fuera de Japón, ya que fue al salir de dicho país cuando cambió de nombre, adoptando el que conocemos. La historia se movía a medio camino entre la mitología griega y la cosecha propia de Nintendo: nos sumergía en un mundo fantástico, la Tierra del Ángel, dominada por dos deidades en constante oposición: Palutena, la diosa de la luz, y Medusa, heraldo de la oscuridad. La primera consiguió vencer en el enfrentamiento y relegar a Medusa al Inframundo, pero ésta regresó poco después trayendo consigo todo un ejército de demonios. Junto a ellos tomó prisionera a Palutena y se hizo con el control de sus tesoros más preciados: el escudo espejo, la flecha de luz y las alas de Pegaso.
La única esperanza para liberar a Palutena y traer de nuevo la luz a la Tierra del Ángel es el pequeño Pit. Un jovencito alado que decide escapar del Inframundo, donde han sido encerrados todos los habitantes de su mundo, y rescatar a su diosa. Su única arma es un arco mágico capaz de derrotar a los sirvientes de Medusa… aunque durante el transcurso de su aventura se convertirá en algo mucho más poderoso.
Kid Icarus tuvo una buena acogida en su momento y contó con una segunda parte unos años más tarde para Gameboy, en 1992, con el título de Kid Icarus: Of Myth and Monsters. Han tenido que pasar diez años para que podamos disfrutar de una nueva aventura (y look) de Pit… y de un cambio radical de género. Pero ya hablaremos de esa tercera entrega en su momento: ahora vamos a echar un vistazo al aperitivo que nos ofrece Nintendo, Kid Icarus 3D Classics.
Huyendo del Inframundo
El juego original de NES se mantiene intacto, como es habitual en esta nostálgica serie. Estamos ante un título de plataformas al más puro estilo ochentero que comparte motor gráfico con Metroid, algo muy reconocible sobre todo en la forma en que avanzamos por las pantallas, idéntica en ambos. Primero tendremos que superarlas de manera ascendente, representando nuestra subida desde el Inframundo hasta la superficie; más tarde, llegado cierto punto de la historia, comenzaremos a avanzar de forma horizontal a través de diversas habitaciones y mazmorras.
Nuestro principal objetivo será recuperar los tesoros antes citados, y por tanto tendremos que superar tres fases con cuatro subfases cada una. Al final de las mismas encontraremos uno de los tesoros. Cuando los tengamos todos iremos a por el enemigo final, que, como cabía esperar, será la propia Medusa. Sin embargo, cuando nos enfrentemos a ella seremos mucho más poderosos que al principio… y es que una de las características que definen a Kid Icarus, y que supuso toda una novedad en su época, es la posibilidad de ir subiendo las características de nuestro personaje, tanto en lo relativo a ataque como a nivel de salud, al más puro estilo RPG. Para ello iremos recolectando, al derrotar a los enemigos, corazones y distintos tipos de objetos. Tanto éstos como el número de monstruos eliminados se usarán para mejorar nuestras estadísticas al finalizar cada fase.
En Kid Icarus 3D Classics tendremos la posibilidad de ajustar diferentes modos de visión tridimensional desde las opciones del juego. Básicamente nos permitirán percibir mayor sensación de profundidad en el fondo de los escenarios. El resultado general del 3D no decepciona, resultando bastante vistoso. Sin embargo, Kid Icarus no es un juego que se adapte con facilidad a la pantalla de la portátil. Si algo ha definido a este título desde su nacimiento ha sido una dificultad bastante elevada ya desde su primera fase: los saltos deben realizarse de la manera más ajustada posible (no existe esa posibilidad de “caer en el borde”; o llegas a la plataforma, o no llegas), y los enemigos muestran patrones de movimiento muy diversos que nos obligan a prestar constante atención a toda la pantalla (a veces pueden caer literalmente del cielo). Por todo ello, se trata de un juego que se disfruta mucho más en una pantalla de mayor tamaño, en la que podamos tener una mejor visibilidad. Naturalmente, no se trata de un defecto en sí de la adaptación, sino de una característica propia del título y de su concepción original.
Como nota curiosa, en Kid Icarus podemos apreciar una importante diferencia entre nuestra forma de entender el mundo de los videojuegos actual y la de hace quince años. Ahora estamos acostumbrados a meternos de cabeza en el juego, sin pasar por el manual de instrucciones; si no nos hacemos con el control por mera intuición, ya aparecerán mil y un tutoriales que nos enseñarán cómo movernos. Sin embargo, en Kid Icarus, como buen representante de la época, sí se aprecia la necesidad del manual. Podemos saltar y saltar, matar bichos y llegar al final… pero sin el auxilio de unas instrucciones podemos pasar muchas cosas por alto, o no enterarnos de la utilidad de algunos objetos hasta que sea demasiado tarde. En aquel entonces, ese libreto hoy casi extinto resultaba prácticamente imprescindible para llegar a buen puerto.
Kid Icarus 3D Classics supone una revisión interesante del pasado y una buena forma de poner a prueba nuestra paciencia: frente a las numerosas facilidades que encontramos en los juegos de hoy en día, aquí tenemos auténtico plataformeo hardcore, donde conoceremos la frustración extrema que nos supone caernos justo cuando estamos llegando a lo alto de la fase y tener que empezar de nuevo desde el principio. Un reto que merece la pena afrontar.
En Definitiva
Gráficos:
Buen uso del 3D en los escenarios, que por otra parte pecan de estar bastante vacíos. Se echa en falta una mayor definición de los enemigos; casi siempre tenemos la sensación de estar enfrentándonos a píxeles de colores.
Jugabilidad:
Saltar y disparar: no necesitamos saber más. Eso sí, se trata de un juego que puede llegar a ser difícil de dominar a la primera, tanto por su dificultad como por todas las opciones de mejora de estadísticas que nos ofrece y que debemos saber aprovechar.
Sonido:
La música tiene su carisma, aunque a veces se haga demasiado chirriante. Apta para nostálgicos del midi.
Duración:
No es demasiado largo para lo que estamos acostumbrados hoy en día, pero la elevada complejidad que nos ofrece en ocasiones hará que nos dure más de lo esperado.














