El señor de las bestias (y los slimes)
Un nuevo paseo por el universo Dragon Quest con todos los elementos que le caracterizan y un claro objetivo: convertirnos en el mejor Reclutador de monstruos
Los monstruos se han hecho de rogar, pero finalmente los tenemos en nuestras tiendas desde el pasado 7 de octubre. Dragon Quest Monsters: Joker 2 es un nuevo tentáculo de la celebérrima saga, que mete en la coctelera los elementos más característicos de la misma: el toque inconfundible de sensei Toriyama, una ambientación rolera al cien por cien y criaturas adorables y grotescas a partes iguales.
Ya adelantábamos en nuestro avance del juego que quienes hubieran disfrutado de la primera parte encontrarían pocas diferencias en esta secuela. Efectivamente, éstas se basan en un aumento de los monstruos y habilidades disponibles, además de mejoras en el multijugador. Sin embargo, no por ello deja de ser un título interesante para los aficionados, que puede ser jugado aunque hayamos exprimido a su predecesor, gracias a un aliciente principal: la historia.
Si Goku hubiera sido Maestro Pokémon
No nos vamos a engañar: tampoco es que este juego sea un prodigio argumental. Pero lo cierto es que sabe combinar a la perfección el estilo más clásico de los JRPG (y, por supuesto, de los Dragon Quest) con la faceta de “coleccionismo de bichos” (¿por qué no se ha creado ya un subgénero que se llame así?), de tal forma que nos introducimos con facilidad en el mundo y aprendemos sus reglas a través de las vicisitudes de sus personajes.
El protagonista es una especie de fusión del pequeño Goku con la cara de eterna felicidad de Vegeta, y con la misma locuacidad y verborrea que Link. Su aventura comienza al colarse de polizón en la Albatros, una nave voladora que lleva a los Reclutadores (el nombre que reciben quienes coleccionan y entrenan monstruos) a la isla del torneo mundial. No tarda en ser descubierto por el capitán, que, en lugar de arrojarlo por la borda como le sugiere parte de su tripulación, decide hacerle trabajar como recluta para pagarse el pasaje.
El viaje transcurre plácidamente hasta que unas inesperadas turbulencias dañan la nave y obligan a un aterrizaje forzoso en medio de una jungla. Cuando nuestro personaje despierta, descubre que sólo queda en la nave uno de sus compañeros, el ingeniero Euge. Ambos deciden adentrarse en la selva para buscar al resto de la tripulación.
Es aquí cuando comienza el verdadero tutorial: conseguimos nuestro primer monstruo (como no podía ser de otro modo, un slime), y aprendemos el sencillo sistema de combate, que es básicamente el mismo que podemos ver en cualquier juego de rol por turnos. Tenemos tres huecos para crear nuestro equipo de monstruos (y esto es importante, porque algunos de ellos de tamaño considerable, como los dragones, pueden ocupar dos y hasta tres), y aunque el comando básico es el de “luchar”, podemos asignarles otras acciones (defender, curar o esperar) mediante la opción “táctica”, así como definir estrategias conjuntas para el grupo en el que cada uno adopte un rol determinado.
Los enemigos aparecerán en el mapa, por lo que tendremos la posibilidad de enfrentarnos con ellos o de esquivarles. Algunos, los más avezados, demostrarán mayor rapidez y nos perseguirán al divisarnos, por lo que no siempre será fácil evitar el enfrentamiento. Cuando terminemos el combate recibiremos experiencia para que nuestros bichos vayan subiendo de nivel y mejorando sus características de fuerza, defensa, agilidad, magia y puntos de vida. Tenemos un árbol de habilidades para cada uno y podremos ir seleccionando diferentes caminos para que adquieran las que nos interesan.
Aunque los auténticos protagonistas de los combates sean los monstruos, nuestro héroe no será una mera comparsa. Con él podremos aprender otras habilidades que usaremos sobre nosotros mismos o sobre las criaturas (curarlas, resucitarlas, teletransportarnos…). Además, a lo largo del viaje encontraremos objetos que pueden servirnos tanto para equipar a los monstruos como para nuestro uso personal.
Para atrapar a las criaturas debemos utilizar la opción “reclutar”. Una vez la seleccionemos, siempre durante el combate, serán los miembros de nuestro equipo quienes intentarán “convencer” (a base de guantazos) al enemigo para que se venga con nosotros. Se nos mostrará un porcentaje de éxito; el reclutamiento será posible sólo a partir del cincuenta por ciento.
Por otro lado, si somos como el niño malvado de Toy Story y nos gusta eso de mezclar cabezas y cuerpos, disfrutaremos de lo lindo con la opción “sintetizar”, consistente en combinar dos monstruos para crear uno nuevo. Es necesario que sean de tipos distintos, aunque no tendremos que complicarnos la vida tanto como en Pokémon: sólo existen dos, positivo y negativo.
Bonito y resultón
El apartado gráfico sorprende bastante por la fluidez de movimientos del protagonista (se agradece no se mueva a trompicones o a paso de tortuga, como sucede en demasiados JRPG), así como por la buena definición de los personajes. Los escenarios están un poco menos cuidados, pecando de ser monótonos hasta llegar a los puntos verdaderamente relevantes. En los momentos importantes de la historia vemos animaciones en 3D, muchas de ellas extendiéndose en las dos pantallas. Se consigue, así, un efecto espectacular a la hora de mostrar, por ejemplo, la aparición de los monstruos de mayor tamaño.
En cuanto al sonido, nada nuevo bajo el sol: melodías simples, que se dividen entre las de “aventura” y las de “batalla”, sin ningún trabajo especial. Cabe destacar que muchos de los efectos de sonido, como los que escuchamos al entrar por las puertas, son los mismos que nos llevan acompañando en la saga Dragon Quest desde el primero de sus títulos. Un detalle de agradecer hacia los fieles y los nostálgicos.
Dragon Quest Monsters: Joker 2 tiene el honor de haber sido traducido al castellano, como ha sido la tónica en los juegos anteriores de la saga. Y se trata de una muy buena traducción: utiliza modismos y un tono diferente para cada personaje, adecuándose a su forma de ser pero sin llegar a extremos ridículos (como ese poblado andaluz con el que nos obsequió Dragon Quest VI). E incluso se permiten algún que otro chiste en la castellanización de los nombres: el llamar a una joven adinerada y superficial con el apellido “Botín” es una muestra de deliciosa mala leche.
El juego consigue sin problema dar lo necesario para convencer tanto a los aficionados de los JRPG como a los que estén deseosos de coleccionar belicosas criaturas. No innova en ninguno de los dos apartados, por lo que, eso sí, se trata de un título que disfrutarán especialmente quienes se encuentren en un lado u otro de la balanza (o en los dos, puesto que no son excluyentes, evidentemente). La opción multijugador, con la que podremos enfrentarnos hasta con ocho amigos por conexión wifi, es la guinda para este pastel con clásico sabor nipón.
En Definitiva
Gráficos:
Personajes bien definidos y con el encanto de los diseños de Toriyama (un aliciente para los fans de este autor). Lástima que los escenarios no estén a la altura.
Jugabilidad:
El sistema de combate es muy sencillo y no se tarda mucho en cogerle el tranquillo al juego en general (aunque se hára más fácil si ya tienes experiencia en los JRPG).
Sonido:
No prestaréis atención a las melodías a menos que lo hagáis conscientemente,y se echan en falta, quizás, voces para los personajes.
Duración:
Si somos la clase de jugadores aficionados a conseguir todos los monstruos, objetos y trofeos posibles, el juego nos ofrecerá bastantes horas de diversión gracias a los torneos y demás retos. Si no pertenecemos a este grupo, puede sabernos a poco tras concluir la historia.

















