Monos en bolas (y en 3D)
Como viene siendo ya tradición en las consolas de Nintendo (y prácticamente en todas las demás) Aiai y su simiesca pandilla aterrizan en el catálogo de lanzamiento de 3DS para sacar a relucir algunas de las llamativas características de la nueva portátil en un título “3 en 1” con más bien poca chicha.
Ah... SEGA. La compañía del erizo azul lleva ya unos cuantos años haciéndonos sufrir con cada nuevo título que sacan al mercado. Sea la franquicia que sea, los padres de Megadrive no tienen piedad para tirar por tierra las esperanzas de sus miles de fans en el mundo. Dentro de su irregular trabajo, la saga Super Monkey Ball siempre se ha mantenido entre lo correcto y lo bueno, con títulos para casi todas las consolas en los que poder hacer un rato el mono metidos en una bola de plástico.
Aquellos dos o tres que no conozcan la saga de juegos protagonizada por el mico Aiai deben saber que Super Monkey Ball es un arcade a caballo entre la velocidad y el puzzle, en el que nuestra misión será conducir a un mono metido en una esfera a través de laberínticos recorridos para hacernos con el máximo número de platanos por el camino. Como bien vino sucediendo en las dos anteriores máquinas de Nintendo, SEGA sabe aprovechar muy bien el tirón mediático de un nuevo hardware: títulos como Touch & Roll (Nintendo DS) o Banana Blitz (Wii) hacen uso de las novedosas características de las consolas para las que estaban creados, y con 3DS no podía ser distinto. Así, la saga más mona está presente en el catálogo de lanzamiento de 3DS, con un resultado ciertamente mediocre.
Tres juegos en uno
Si algo llama la atención de este Super Monkey Ball 3D es su increíble variedad: nada menos que tres modos de juego que abarcan tres géneros totalmente distintos. Así, nos encontramos en primer lugar con Bola Simia, el modo de juego clásico de Super Monkey Ball en el que tendremos que controlar a los micos-bola a través de distintos escenarios; en segundo lugar está la Carrera Simia, una suerte de Mario Kart descafeinado; por último podremos jugar a Lucha Simia, un intento de Super Smash Bros que, lamentablemente, tampoco le llega a la altura. Una gran idea inicial que podía haber derivado en un título de gran variedad y vida útil de no ser por la premura con la que SEGA parece haber definido los distintos modos de cara al lanzamiento del juego. Pero vayamos por partes.
El modo Bola Simia es, aunque el más clásico y predecible, el más satisfactorio a nivel jugable. Contamos con cuatro personajes seleccionables al comienzo y dos modos de movernos por el escenario: con el pad deslizante (el stick, vamos) o con el sensor de movimiento de la propia 3DS. La primera opción es, de lejos, la más precisa: manejar a los monos-bola de esta forma es ciertamente certero, la mejor opción para escenarios complicados. La opción de los acelerómetros es divertida y más o menos efectiva, aunque no para tirar cohetes. En más de una ocasión el sensor de movimiento nos jugará una mala pasada lanzando a nuestro simio por los aires. Además, el uso de los acelerómetros nos obliga a desconectar el 3D, ya que al estar moviendo la consola perdemos el efecto visual y se convierte en un auténtico infierno. ¡Si es que no se puede tener todo en la vida!
Pese a la pequeña lacra del control de movimientos, Bola Simia es el modo de juego más completo, con un buen puñado de niveles más o menos bien pensados y estructurados, de variedad temática, que desde luego hacen disfrutar al jugador durante largo rato.
Distinto es el caso de Carrera Simia. El intento por parte de SEGA de traernos antes de tiempo la experiencia Mario Kart acaba resultando un fiasco, con circuitos poco currados, items para nada sorprendentes y una curva de dificultad que en ocasiones roza lo frustrante. La variedad de corredores y coches es digna pero más bien virtual, ya que al menos este redactor no ha conseguido encontrar diferencias palpables entre los distintos simios competidores. Una idea que, de haberle dedicado un poco más de trabajo, hubiera resultado ampliamente satisfactoria entre un público ávido de carreras de karts en 3D.
Lucha simia, el tercer modo de juego, sufre de un caso parecido al del anteriormente comentado. Una gran idea que bebe claramente de la saga Super Smash Bros, pero cuya resolución ha quedado claramente a medio gas. En Lucha Simia nos daremos de tortas por conseguir el mayor número de plátanos y, por lo tanto, la victoria. Mediante combos, saltos y el uso de un ataque especial tras romper un barril dorado que aparece de forma aleatoria en pantalla, podremos lanzar a nuestros enemigos fuera del escenario o hacerlos besar la lona. Un concepto de juego que una portátil como 3DS pide a gritos, pero que nuevamente se ve frustrada por la falta de imaginación y variedad de situaciones: los escenarios son más bien planos y repetitivos, y los ataques bastantes escasos, lo que acaba derivando en poco interés hacia retomar el juego tras unas pocas partidas.
¡Que monos!
La parte técnica de Super Monkey Ball 3D cumple sin sorprender. El apartado gráfico es el esperado, con diseños de personajes de estética kawaii y escenarios coloridos, que pierden algo de definición con el 3D conectado. Las melodias del juego pasan desapercibidas, cumpliendo su misión pero no aportando nada extraordinario. Al menos, SEGA ha realizado una fantástica labor de doblaje y traducción, algo siempre digno de mención en un videojuego.
El efecto 3D en Super Monkey Ball 3D cumple una función meramente estética. Al contrario que ocurría en el magnífico Rayman 3D, el uso de esta novísima tecnología no va más allá de lo puramente visual, sin darle al jugador una razón por la que tenerlo conectado y, por lo tanto, gastando más batería. En cuanto a la portabilidad del título, nos encontramos con multitud de partidas cortas que, salvo el modo de detección de movimientos en Bola Simia, pueden jugarse en cualquier parte sin tener además la necesidad de usar la tecnología 3D. Por lo tanto, bastante bien. Sus opciones multijugador son también correctas sin sobresalir, destacando los modos para hasta cuatro jugadores en Lucha y Carrera Simia. ¿Por qué no, en cambio, en el principal modo del título?
Buen intento...
En general, no se puede decir que Super Monkey Ball 3D sea un mal juego. Pese a estar poco trabajada, la variedad de géneros está ahí, y es innegable que el cartucho nos mantendrá un buen rato pegados a nuestra 3DS (sobre todo en el modo Bola Simia). El juego principal que compone el cartucho es de lejos el más interesante, y es curioso jugarlo en el modo de control de movimientos para probar una de las características más interesantes de 3DS, pese a que su ejecución en este caso no sea sobresaliente.
En conclusión, Super Monkey Ball 3D es un cúmulo de grandes ideas con un resultado bastante simplón, un título idóneo para los más pequeños, que encontrarán en él diversión rápida y masticable. No obstante, no estamos ante uno de los mejores Super Monkey Ball y, aunque interesante, no se trata de la mejor opción a la hora de hacernos con un título junto a la nueva 3DS. Eso sí, es toda una monada...
En Definitiva
Gráficos:
Cumplen y poco más. No se puede decir que los gráficos de Super Monkey Ball 3D estén a la altura de la potencia real de 3DS, pero el juego tampoco necesita tanto. Y los diseños son muy bonicos, eso sí.
Jugabilidad:
Tres modos de juego que abarcan tres géneros enteramente distintos. La idea es genial, la ejecución algo pobre. No obstante, durante las primeras horas disfrutaremos bastante del título, especialmente en el modo Bola Simia. Lo que pasa es que da rabia ver ideas tan buenas mal acabadas por, seguramente, las prisas por lanzar el juego. Una pena.
Sonido:
Una banda sonora que no destaca ni para bien ni para mal. Melodías alegres que acompañan a la apariencia gráfica del juego. Punto extra por el trabajo de doblaje al español.
Duración:
Dudo mucho que Super Monkey Ball 3D se convierta en uno de esos títulos que juguéis durante mucho tiempo. Es un juego muy disfrutable durante las primeras horas, pero que acaba astiando rápidamente debido al mal desarrollo de sus tres modos de juego. Las opciones online no están mal, aunque resultan insuficientes.














