Los dioses vuelven a liarla
Square-Enix vuelve a la carga con la secuela de uno de sus mejores títulos para PSP. Nuevos personajes, modos, escenarios y opciones mandan al garete el conocido dicho de “segundas partes nunca fueron buenas”.
La mera existencia de sagas como Dissidia consigue que después de años de escribir y leer sobre videojuegos esta industria siga sorprendiéndome como el primer día. Que un mastodonte del ocio digital como es Square-Enix decida lanzar una franquicia totalmente nueva en exclusiva para PSP es tan sorprendente como gratificante... pero que se atreva a lanzar su secuela de forma exclusiva en la consola de Sony mientras se anuncia la próxima generación de portátiles a bombo y platillo es simple y sencillamente de traca.
El valor con el que Square-Enix opta por PSP a la hora de publicar los títulos de Dissidia demuestra la indiscutible calidad de la primera portátil de Sony pese a su longevidad en el mercado. Una muestra de cariño por parte del gigante del rol nipón que se traduce en un título sobresaliente, que consigue mejorar el cómputo general del primer Dissidia a base de una auténtica avalancha de novedades y mejoras. Me explico...
Pataleta sideral
Entre las muchísimas bondades de Dissidia 012 no destaca principalmente su argumento. Como en el primer título, los dioses del Cosmos y del Caos vuelven a tenerla, y ni corto ni perezosos llaman a los guerreros más fuertes de cada bando para que solucionen la gresca a base de acero y hostiejas. En contra de lo que cualquier persona con dos dedos de frente haría, los héroes y villanos de la saga Final Fantasy obedecen a pie juntillas las órdenes de su correspondiente deidad, por lo que la ensalada de puños queda arreglada en poco tiempo.
En torno a tan burda excusa, Square-Enix continúa con la premisa de lucha-RPG-espectáculo de la primera entrega, expandiéndolo a todos los niveles e incorporando un buen número de opciones jugables más que interesantes. En cuanto a las novedades más interesantes de las batallas, destaca en primer lugar la posibilidad de jugar de modo directo o en estilo RPG.
La otra gran novedad de las batallas reside en la incursión de personajes de apoyo. Bajo el nombre de Tag assist, ahora podremos llamar a un compañero para que nos ayude a darle estopa al enemigo en momentos difíciles, un añadido muy de moda en los juegos de pelea que encaja a la perfección con el espíritu Dissidia.
El ciento y la madre
Square-Enix ha trabajado duramente para que Dissidia: 012 sea un título casi infinito. Además del modo Historia, el cual nos llevará aproximadamente unas 80 horas de juego, el número de personajes también ha aumentado considerablemente. Los fans más acérrimos de Final Fantasy se frotarán las manos al saber que personajes como Tifa, Lighting o Vaan son seleccionables desde el primer minuto de juego. Por si esto fuera poco, el modo Misiones del Caos nos permitirá controlar por primera vez a algunos de los villanos que hasta ahora no habíamos tenido la oportunidad de manejar.
A lo anteriormente comentado hay que añadir exquisitas posibilidades de juego como la opción de cargar la partida del primer Dissidia, competir con nuestros amigos en modo ad-hoc y un montón más de novedades que vais a tener que descubrir por vosotros mismos.
Mastodóntico UMD
Al igual que ocurre con la primera parte, Dissidia: 012 es todo un portento técnico. La apariencia gráfica del juego sigue siendo sobresaliente, con escenas pregrabadas que te dejarán boquiabierto y texturas y animaciones simplemente brillantes. Gracias a esto disfrutarás de lo lindo conociendo la soberbia nueva apariencia de personajes clásicos de la saga, así como sus armas e indumentarias alternativas. En cuanto al apartado sonoro, Dissidia: 012 sigue estando a la altura de las circunstancias, con partituras tan épicas como inolvidables.
El acabado general de Dissidia: 012 es, al igual que el de la primera entrega, un auténtico homenaje a la saga Final Fantasy: desde las melodías hasta los menús, pasando por escenarios y personajes, todo nos hará recordar nuestras experiencias pasadas con las trece entregas de la franquicia. Square-Enix, sabedor de esto, ha publicado el juego en dos versiones, una normal y otra de coleccionista que incluye la banda sonora en un mini CD, ilustraciones detalladas de los personajes, vestuario extra y un descuento para adquirir el primer Final Fantasy a través de PSN.
Contrastando con la cuidada edición especial nos ha extrañado muchísimo que, si bien el juego viene subtitulado al castellano, los menús vienen en perfecto inglés, un paso atrás incomprensible teniendo en cuenta que la primera parte del juego llegó totalmente localizada. ¿Falta de tiempo o de ganas?
En cualquier caso, esta pequeña lacra no tira por tierra uno de los títulos más largos, cuidados y entretenidos de todo el catálogo de PSP, una joya que rompe con los estándares del género de la lucha dotándole de una profundidad y espectacularidad pocas veces vista. Difícilmente encontraréis un título con el que permanezcáis tantísimas horas pegados a vuestras portátiles sin que ellos os suponga un minuto de aburrimiento.
El rey de la lucha-RPG ha vuelto, nenes... ¡Larga vida a la gresca entre el Cosmos y el Caos!
En Definitiva
Gráficos:
Sobresaliente merecido para Dissidia: 012 gracias a unos gráficos de infarto que tocan el techo técnico de PSP. La intro os dejará sin palabras, os lo decimos desde YA.
Jugabilidad:
La saga Dissidia: 012 propone, en rasgos generales, batallas complejas, profundas y espectaculares con toques RPG y mucha nostalgia y homenaje de por medio. Si esto te llama la atención de antemano disfrutarás de lo lindo con este título y con su primera entrega. Lo cierto es que con respecto a la primera parte no innova demasiado, pero... ¿Como podrían mejorar la primera parte?
Sonido:
Melodías memorables, todas y cada una de ellas, que se incluyen en un mini CD con la edición coleccionista. Compradla, que merece la pena.
Duración:
Superar el modo historia en su totalidad nos llevará unas 80 horas, así que si le sumáis las misiones, los modos online, las opciones de juego rápido... un título para toda la vida, vaya.
















