Los nuevos magos del balón
Más de dos años después de su lanzamiento en Japón, Inazuma Eleven llega a Nintendo DS para demostrar que con cariño, esfuerzo y talento la ya anciana portátil de dos pantallas puede plantarle cara al 3D y a lo que haga falta. Juegazo, nenes, juegazo. Y no me gusta el fútbol.
Hacía mucho, mucho tiempo que no disfrutaba tanto con mi Nintendo DS. Nunca podría haber imaginado que un juego de temática deportiva iba a hacerme pasar tan buenos ratos, sobre todo teniendo en cuenta que el deporte rey, así en general, me suele aburrir bastante. No obstante, la original idea de fusionar el fútbol con el RPG, la enorme calidad de su artwork y los rumores de su éxito en Japón me hicieron acercarme a la saga Inazuma Eleven tan pronto como puso un pie en territorio PAL.
Mayor aún fue mi sorpresa cuando, documentándome para realizar el presente análisis, me enteré de que este título tiene más de dos años desde que fuera lanzado en el País del Sol Naciente. Vaya, sí que se lo toman con calma los chicos de Nintendo, sobre todo teniendo en cuenta el furor que el fútbol desata no sólo en España, sino en toda Europa. Lanzar el primero de una saga de juegos rolero-deportivos en pleno ocaso de Nintendo DS es toda una apuesta arriesgada por parte de los de Kyoto, pero... ¡Eh! Poco puede achacárseles, sobre todo teniendo en cuenta la exquisita localización que han llevado a cabo con el primer Inazuma Eleven.
Oliver y Mark
Tan sólo con echar un vistazo a la caja del juego, uno se hace una idea de cuál va a ser el argumento de Inazuma Eleven. Inspirado en el clásico del manga y el ánime Captain Tsubasa (Oliver y Benji en nuestro país), así como en el género del Spokon, o manga deportivo en general, Level-5 nos pone en la piel de Mark Evans, un estudiante aficionado al fútbol que desde la posición de guardameta intenta guiar al equipo de su instituto, el Raimon, a ganar la ligar nacional.
Este hilo conductor, tan tópico como confortable para el jugador, nos sirve como pretexto para disfrutar de un JRPG innovador y fresco, en el que la espada y el bastón mágico se sustituye por el balón, las botas y los guantes de portero. Obviamente no estamos ante una versión realista del deporte Rey, ni mucho menos: la magia y los tiros especiales son protagonistas de todo el partido, por lo que será algo lógico ver dragones, fantasmas y gigantescas bolas de fuego cruzando el campo de portería a portería.
El sistema de juego de Inazuma Eleven es bien similar al visto en la mayoría de los JRPGs del mercado, dividiéndose en una parte de exploración y otra de batalla. Lógicamente, en el caso del juego que nos ocupa las disputas se cristalizan en divertidos partidos de fútbol que se alejan de la simulación para llevarnos a una mecánica que cabalga entre la acción directa y la estrategia por turnos. Por un lado, la lucha por llegar a formar el equipo de fútbol definitivo hará que Mark se mueva no sólo por el instituto Raimon, sino por toda su ciudad. Por el camino encontraremos items que mejorarán nuestra salud, así como pachangas aleatorias en las que jugaremos con sólo tres personajes y para ganar tendremos que cumplir una serie de requisitos, como marcar un gol o robarle el balón al adversario.
Los partidos “oficiales” son más completos y por lo tanto más divertidos. En ellos jugaremos con nuestro equipo al completo, y para avanzar en la historia solo podremos ganar. Mientras que el control en la parte de exploración se puede realizar tanto de forma tradicional como táctil, durante los partidos estamos obligados a usar el stylus. La mecánica de las disputas es sencilla e intuitiva, aunque no perfecta. Con nuestro lápiz táctil haremos que los jugadores se pasen el balón, regateen o chuten. Como en todo buen JRPG, la ventaja entre unos personajes u otros dependen de una serie de parámetros. Cada jugador de Inazuma Eleven tiene unas propiedades físicas tales como rapidez o fuerza, además de un símbolo elemental que siempre prepondera sobre otro, como por ejemplo el fuego puede con el árbol.
La suma de los parámetros da una cifra llamada valor, a la que sumada a la preponderancia del símbolo nos dará un número de puntos totales, gracias a los cuales se decide qué jugador concluirá la jugada con éxito. Teniendo en cuenta estos puntos tendremos que elegir jugadas más o menos arriesgadas, así como nuestras supertécnicas. Dichos movimientos consumen una barra de energía que al llegar a cero no imposibilitará el uso de los mismos. Gracias a ellos, Mark Evans y los suyos pueden realizar acciones tan espectaculares como efectivas, como la Mano Divina o el Remate Dragón.
Esta original mecánica puede atragantarse al principio por la cantidad de parámetros que debemos tener en cuenta y por pequeños desajustes en la curva de dificultad. No obstante, tras las dos primeras horas de juego nos será muy sencillo realizar todo tipo de estrategias y conseguir espectaculares goles. La versatilidad de nuestros jugadores gracias a un amplio abanico de supertécnicas y la originalidad con la que Level-5 ha realizado los equipos adversarios (de apariencia y habilidades deliciosamente temáticas) componen una experiencia jugable fresca y dinámica con un dulce sabor a JRPG.
Made in Level-5
Al igual que en la parte jugable, Level-5 ha llevado a cabo un trabajo digno de elogio con el apartado gráfico de Inazuma Eleven. Durante los momentos de exploración nos encontramos con un entorno 2D en perspectiva isométrica donde manejaremos a unos diminutos pero adorables sprites de los personajes del juego, que más que lucir anticuados resultan tan acertados como nostálgicos... ¿Por qué se harán tan pocos juegos así hoy en día? Aunque el grueso jugable de Inazuma Eleven se vive a través de este tipo de apariencia, durante los partidos disfrutaremos de un buen puñado de espectaculares animaciones usando el motor 3D de Nintendo DS. Así, el juego nos dejará boquiabiertos con intrépidas secuencias en las que veremos los tiros y técnicas más espectaculares con ese toque anime que caracteriza a todo el título.
Mención aparte merecen las escenas de animación de Inazuma Eleven, abundantes y de una calidad exultante. Los que hayan echado un vistazo a la serie de animación basada en esta franquicia ,que ya se emite en España, se darán cuenta de que el título ha sido doblado por los mismos actores que la serie, dándole una calidad al conjunto a la que sinceramente no estamos acostumbrados en Nintendo DS. Continuando con la parte sonora cabe destacar la conseguida banda sonora, con temas originales y pegadizos que por lo menos este redactor no se cansa de escuchar, más propios de una serie japonesa que de un videojuego... ¡Si hasta la canción principal ha llegado en español!
En cuanto a las opciones multijugador, Inazuma Eleven es todo un ganador. Para empezar, a lo largo del modo historia podremos reclutar a un total de doscientos jugadores en nuestra plantilla, los cuales podremos utilizar tanto en el modo principal como en el entretenido sistema de intercambio de jugadores online. Dicho modo nos permitirá descargar a nuevos jugadores a través de la conexión Wifi de Nintendo, aunque no nos da la posibilidad de disputar partidos online. Sin duda, la mayor metedura de pata de un juego que si no llega a ser por esto hubiese rozado la máxima puntuación. No obstante, el modo ad-hoc nos permite conectarnos con hasta otros tres jugadores para disputar frenéticos partidos multijugador. No está mal, pero no es perfecto, algo que se esperaba de un título con esta calidad.
La portabilidad de Inazuma Eleven roza la perfección. Para empezar, el juego nos permite guardar en el momento que más nos plazca. Los partidos y pachangas son bastante rápidos, por lo que echar una partidita corta es algo perfectamente posible con este juego. Los diálogos doblados vienen apoyados con subtítulos, por lo que podremos jugar con el sonido bajado totalmente siempre que queramos. ¿Qué más queréis, diantres?
Como veréis, Inazuma Eleven nos ha entusiasmado. Lo único que podemos reprocharle a Nintendo y Level-5 es que hayan tardado tantísimo tiempo en lanzar una franquicia que ya va por su tercera entrega en Japón, y que tiene todos los ingredientes para triunfar en territorio PAL. Uno de los mejores juegos de todo el catálogo de Nintendo DS, un RPG fresco y novedoso que hará las delicias de los aficionados a las peleas por turnos y llamará la atención a los talibanes del simulador deportivo.
Una posible alternativa de compra para aquellos que no estén convencidos con los primeros títulos de Nintendo 3DS y quieran hacer más amena la espera con un título que, os lo aseguro, nos hará olvidar por un momento los gráficos HD y los efectos 3D de los que tanto alardean algunos. M-U-S-T H-A-V-E.
En Definitiva
Gráficos:
La parte 2D es graciosa y efectiva, aunque el más tecnófilo la encontrará arcaica. No obstante, nadie puede discutir que tanto las animaciones 3D como las exquisitas escenas de anime son de lo mejor que hemos visto en una Nintendo DS. Bravo.
Jugabilidad:
Una magistral mezcla de simulador deportivo y RPG estratégico, en la que tendremos que pensar a la velocidad del rayo mientras movemos nuestro stylus. El sistema de mejoras, las espectaculares supertécnicas y la cantidad de jugadores disponibles quedan empañados sólo por un modo online claramente deficiente, que aleja al título de rozar la perfección jugable.
Sonido:
Aparte del magistral doblaje llevado a cabo para las escenas animadas, el título cuenta con una muy buena banda sonora y unos efectos que cumplen con nota.
Duración:
El modo principal nos mantendrá un buen puñado de horas pegados a nuestras DS, como en todo buen RPG. Pese a que el modo online no nos permite jugar contra otros jugadores a través de Internet, sus opciones multijugador y la simple diversión de jugar pachangas harán que el título nos dure muchísimo entre las manos.


















